FRONTERA SUR

Mujer Isla, de Sonia Caicheo

(Castro, 1943)






La que corre la lluvia con sandalias
Porque no tiene fiesta ni botas de invierno.

La que lee su muerte en un diagnóstico
Y recién se acuerda de la vida

La yerma que observa una vitrina
Y solloza porque la navidad es ajena

La que mató su único sueño
Para resucitar con él al tercer día

La que siendo madre no leyó la Biblia

La que saltó de su soledad a los aleros
Convencida que los pájaros sabían dar la mano

La Cenicienta que extravió un zapato
Y no tuvo príncipe interesado en rescatarlo

La que antes de morir pide al Pascuero
Porque nunca le hicieron un regalo

La que releyendo estos versos
Piensa en el color de sus cabellos

Si Dios escuchara unos minutos
¿Por cuál de ellas rogaríais?
O como diría un profesor
MARQUE CON UNA CRUZ.











En La memoria iluminada: poesía mapuche contemporánea, 2007.










Fotografía: Mujer de Chiloé.







3 comentarios:

igo tanaka dijo...

qué bello poema, sentido, político, profundo...

saludos a sonia y a FS.

Latitud Sur dijo...

Todo el personal de Efe Ese agradece tus saludos, Carlitos.
Queremos tenerte siempre como amiguis, aunque seas del Colo Colo..

jaja

Cleme dijo...

El poema se presenta correcto respecto de su ritmo, pero en el decurso de una cadencia para nada nueva...Más bien manida, corrida, recorrida, agotada.

Rosabetty Muñoz ya lo hizo muy antes en "Canto de una oveja en el rebaño"..También Teresa Calderón en "Mujeres del mundo.. Uníos"

En relación con su adcripción a la cosmogonía mapuche, la poesía de Sonia Caicheo no parece interesarse especialmente en pulsar esa difícil cuerda existencial, identitaria y necesariamente política, dada la actuales circunstancias...(mejor Elena Varela, aunque esté presa de la democracia)

Esta poesía no romperá ningún huevo ( cuando menos ninguno mío )

Hay musicalidad, empeño cromático, participación de la cultura local, lenguaje coloquial (que se agradece siempre)

Pero, ¡Sonia! ¡El mundo ha enloquecido! ¡Incluso el impenetrable mundo chilote!

Pues, Maja... ¡Déjate poseer por la locura circundante! ¡No te hará nada de daño, niña!