Fantasmas de humo, de Rodrigo Urzúa

(Punta Arenas, 1984)







No me extrañarás nunca.
El frío ha de borrar mis poses de ciego,
mis cartas al vacío,
mis celos de niño pobre, jugando con tus silencios.
Mis imágenes, regaladas frente a cientos de besos,
se irán como los días tranquilos,
como la paz en el césped de tu casa,
vieja, oxidada entre las ausencias.
Y luego, llegará el olvido.
Mis ojos ansiosos penetrando los rostros de tu rostro,
mis manos recorriendo las bondades de tus vuelos,
volando entre sábanas, como coloreando el vacío,
llenos de brumas y esperando el viento.
El viento de las sombras, de la nieve.
Entonces te habrás olvidado.

Te olvidarás pronto de mis ruegos de condenado,
de mis intentos de hermosear lo inútil,
sólo por un beso de bocas abiertas, esperando crucificar nuevas lenguas.
Te olvidarás de mi impaciencia,
hurgada por conversaciones vanas, por demostraciones de saber.
Te olvidarás de mi olor a niño viejo,
te olvidarás de mis manos tiesas,
crispadas dentro de la belleza de una luna entre mis dedos.
Te olvidarás del sabor de mis labios cansados y de mis lágrimas,
de mi ausencia de mundo, de mi salud perfecta.

Y cuando eso pase, amor,
yo seré un nuevo condenado,
destinado a las muertes fáciles del olvido.
No despertaré jamás con tal de saludar tus cavernas cada mañana,
esperando renacer en la memoria
del rincón cerrado de tus besos.




En http://lavquen.tripod.com



Fotografía: Rong Rong, 19
94

Arribo a Santiago de Chile, de Juvencio Valle

(Villa Almagro, 1900- Stgo., 1999)






Llegué a la urbe con las uñas rotas,
con el talón herido,
llegué azul de sonata y pelambrera;
llegué, señor, envuelto
en tenues acuarelas;
el corazón desnudo como un álamo,
llegué lleno de frío.

La cabellera al viento
y un sueño bajo el ala;
una voz pregonando la viruta
y el aserrín fragante por mi pelo;
vuelto sílaba o silbo mi discurso,
mi verso, pura tierra.

Entré con pie confuso,
descalzo de saber, lleno de dudas;
llegué a Santiago en ascuas,
poseído de errores;
por las viejas roturas de mi verso
iba mostrando el hueso.

Oh, Santiago de Chile,
entré por tu Alameda,
caí lleno de sueño en San Francisco;
tu calle Catedral, piedra y palomas.
Perdido en este bosque
desde garganta hasta clarín me muero.

Qué caballo tan raudo el que me trajo
corriendo entre suspiro y mariposa;
blando como un ramaje
y resumiendo nieblas como un pino.
Y por el vientre tibio y salpicado
aún verde de helechos.

A veces,
qué será, me pregunto,
de mi vieja provincia.
Qué será de esa tierra
en donde la col celeste se levanta
y en donde, entre zozobras
de amor y yerbabuena,
dejé atrás una trenza.





En Del monte en la ladera, 1960.








Entrevista a Gonzalo David: de poeta bordeline a pastor presbiteriano




Por Alejandra Contreras

Chillán, verano del 2009. Nos pagaron con cerveza y pizza por nuestros poemas violentos, desterrados al sur del mundo y asfixiados por la furia del abismo. Sonreímos y hablamos de la forma más rápida de suicidio, Dostoiewsky, Los Smiths. y Calceido. Gonzalo David, esa noche post-adolescente y borracho de las imágenes pop art del 13 Lunas. Nos miramos y sonreímos, nos besamos, pateamos bolsas de basura por las calles, gritamos con odio como sólo lo podrían hacer los futuros precursores de la poesía chilena en llamas. En ese entonces, no pensamos que seríamos llamados hacia las naciones blancas de las que en fiebre poética balbuceaba aquel infante terrible. Necios y de corazón desfigurado, nos arrastramos lentamente hacia una luz admirable.

¿Cuál fue la génesis de tu poesía, y cómo te impactó la literatura en tus primeros años?

Empecé en el colegio, como a los 15 años. En clases no le ponía atención al profesor; mientras él exponía (como me sentaba cerca de los últimos puestos), garabateaba en las últimas hojas de los cuadernos. Escribía códigos, jeroglíficos. Mi banda sonora en ese tiempo era el disco rojo de Lucybell (que ahora es la peor banda de este país), y hasta cierto punto era una de mis mayores influencias, además de leer fielmente todos los fines de semana la mítica Zona de Contacto de El Mercurio.

¿Qué diferencia piensas que existe entre un poeta que crece leyendo a Serguei Esenin de uno que se desarrolla junto a una revista como la Zona de Contacto?

La intertextualidad. Imagínate que en ese tiempo pasaba algo tremendo: ¡no existía Facebook ni Twitter!. La Zona era EL magazine; aunque no comulgaba con sus columnistas (como López o Fuguet), existía una complicidad super fuerte con los lectores. Ahora no tengo tiempo para entretenerme en ese tipo de cosas, basta con prender la TV y te das cuenta que Chile necesita un Superhéroe Sudamericano.

¿Cómo relacionas al Superhéroe caótico de tu libro, tomado de la serie de Smallville, con el anhelo de Salvación del hombre como criatura caída tal como lo comenta Jonathan Muñoz?

Hay una conexión super directa, no sólo con el Superman de Smallville, sino con toda la mitología de los superhéroes. Le di vueltas al tema después de escribir el libro. Es evidente que existe un anhelo de “redención” en todas las personas, aunque se manifiesta de distintas maneras. Mientras escribía Superhéroe me pasó algo super heavy. Una amiga poeta me pidió que la ayudara, no sé de qué forma, pero quería que algo hiciera por ella, me decía que ya no aguantaba más con el eterno vacío de su corazón. Lo peor es que no pude hacer nada, yo también necesitaba ese vacío, y varios de mis amigos. Y no se trata de ser border o pendejo trancado. Estoy convencido que todos tenemos esa carencia en mayor o menor grado y que buscamos cubrirla de una u otra forma (algunos conscientes y otros no). Por medio de una relación de pareja, del consumismo, el reconocimiento social, etc.

Gonzalo, te conocí en el período en que escribiste "Superhéroe", te veías muy border en ese entonces; y de seguro que eso influyó en el texto que ahora nos presentas. ¿Cuál fue la motivación principal que te llevó al estudio de Teología Presbiteriana, y cómo es posible que subsistas en el medio literario?

Claro. Al par de meses que nos conocimos mi vida llegó al hoyo más profundo que podía estar. Ahí me di cuenta que había estado intentando buscar mi propósito por medio de la poesía, pero finalmente mi vida seguía siendo una mierda. Creo que la respuesta la encontré en la frase de Blaise Pascal: “en el corazón de todo ser humano existe un vacío con la exacta forma de Dios”. Comencé a leer la Biblia pero con otra disposición ¿y sabes? tuve esa sensación de haber encontrado algo que inconscientemente había estado buscando. Al poco tiempo sentí la vocación pastoral.
Es curioso, cuando le cuento a mis amigos poetas, o hablo con gente del medio literario sobre mis estudios de Teología y mi interés por ser pastor, siento un respeto muy profundo por parte de ellos. Es verdad, lo encuentran extraño, medio bizarro, pero les causa interés, incluso varios lo encuentran bacán.

Si es que entiendo bien, tuviste un encuentro cara a cara con Dios, y dime ¿Cómo es él? por otro lado ¿Qué dices cuando la gente piensa que esa historia judío-cristiana, es alguna droga poderosa para consuelo de desesperados o sometimiento de las masas, como algunos intelectuales postulan?

Así es, tuve un encuentro con Dios. No se me apareció en una visión ni me habló como una voz al oído. Él es espíritu, por lo tanto fue una conexión mucho mayor. Es imposible de explicar para los que no lo han vivido. Es una experiencia que te trastorna la vida, te la desarma por completo, pero al mismo tiempo, que le da un rumbo y sentido.


La comparación de Dios como una droga es una caricatura. Yo no lo busqué para que solucionara mi vida, porque simplemente creía que no había absolutamente nada que pudiera arreglarla. ¿Sabes? tengo amigos que eran cocainómanos o que tuvieron un revólver en la cabeza de otro tipo, era cosa de jalar el gatillo y matarlo. Pero llegó un punto, el más extremo, en el que se encontraron tal como yo con este Dios de la biblia, tan manoseado por los ateos y distorsionado por la religión, y sus vidas fueron transformadas radicalmente, cayeron rendidos ante ese hombre que por medio de un amor incomprensiblemente incondicional se dejó torturar y asesinar en lugar de nosotros.

¿Cómo se revela Dios en tu libro "Superhéroe"?

De la primera a la última página. Estoy convencido que se manifiesta en todas las esferas humanas, y las expresiones creativas no son la excepción. Superhéroe se trata de esa carencia que hay en todo hombre, esa búsqueda incesante de un propósito mayor; C.S. Lewis decía que “si encuentro en mí un deseo para el cual ninguna experiencia en este mundo puede satisfacer, la explicación más probable es que fui hecho para otro mundo”.

¿Hacia dónde piensas que se encamina Superhéroe, en el contexto de la literatura nacional, y cómo aprecias el espectro poético actual en Chile?

Leí en un blog donde le dieron una connotación diaspórica, como la provincia instalada en la ciudad. Aunque en Superhéroe sólo hay indicios, recién ahora toma esa dirección, por medio de un nuevo proyecto poético titulado Metrópolis y que espero tener listo a mediados del próximo año. Del actual panorama poético nacional no tengo mucho que decir, algunos intentos relevantes, pero en general nada muy interesante. Lo mejorcito que he visto ha sido un par de libros inéditos de Felipe Ruiz y Tito Manfred.

Si fuera posible que tuvieras una gran cena con ciertos escritores, vivos o muertos (al estilo Woody Allen), y tuvieras la oportunidad de conversar con ellos, ¿quienes serían los escogidos y que les dirías?

Si fuese muerta, Sara Kane; le diría que felicite de mi parte a sus traductores argentinos. Si fuese viva, Gladys González; sólo le preguntaría cómo está.

Concepción es la capital del Rock. Chillán: tierra de héroes y artistas, Santiago: es Chile, ¿qué vendría a ser San Fernando?

San Fernando en algún momento fue la capital de las escrituras suicidas, de esas caminatas nocturnas buscando una botillería abierta, de los cabros fumando yerba los fines de semana en los andenes de la Estación, del calor que no se resiste en el verano. Quizás sigue igual, tengo amigos que lo odian, que no han dejado de arrastrarse como cicatrices por sus calles, pero ahora tengo la esperanza que puede ser redimida.

¿Y quién vendría a ser el redentor, un mesías ciberpunk o algún símil?

El único que puede redimir: Jesús.

Gonzalo, Si tuvieras en tus manos las espada del Augurio de Leon-o, (te recuerdo "que ve más allá de lo evidente"), dónde o en quién concentrarías toda tu visión?

Concentraría mi visión para saber si publicaré un libro que tengo (o parte) en el escritorio de mi netbook (lo escribí en un cuaderno y estoy transcribiéndolo). Es casi angustiante tener el texto terminado y no saber qué hacer con él. En este momento es inpublicable, no sé, quizá de tan sublime que la gente no está preparada para leerlo o es sólo una volada megalómana.

¿Qué película has visto tantas veces que casi sientes que el protagonista te habla y traspasa la pantalla como en "La Rosa púrpura del Cairo"?

El eterno resplandor de una mente sin recuerdos. Asquerosamente buena. También he querido una estadía en la Cínica Lacuna. Ves a Clementine y se viene a la cabeza "sólo por las malditas se da la vida" de Tito Manfred. Por ahí vi una entrevista que le hicieron a Héctor Hernández donde decía que la ternura era política, era un nuevo pacto, y quienes la encuentran patética son muy fascistas.

Superhéroe termina sobre una carretera nocturna, de regreso a San Fernando. El proyecto escritural en el que estás ahora, Metrópolis ¿dónde empieza?

Empieza un fin de semana de Fiestas Patrias, también de noche, pero en Santiago.

¿Existe alguna nueva heroína maldita en Metrópolis como lo fue Abril en Superhéroe?

No, con Superhéroe desapareció; la magia de un personaje con esas características es que ya no se sabe más de él, puede que termine amasando fortuna en una agencia de Ciudad Empresarial o como notera en Zoom Deportivo, qué se yo. Metrópolis en cambio parte en una festividad, es como el guión desechado por Hollywood de una película norteamericana para adolescentes. Si tuviera una heroína seria la chica porrista de la prepa.




Quiero, de Eugenia Toledo-Keyser

(Temuco, 1945)






Quiero la historia de antes
y las incógnitas que me esperan

Capturar el objeto que pasa inadvertido
como soplo de otros tiempos

La espiritualidad de lo mínimo
el valor de lo simple

La levedad de la superficie
las arrugas imperceptibles en el agua

Quiero lo que escondiste
quiero volver a verte

Quiero tu curriculum vitae
quiero lo que me prometiste

Lo que es y aún sigue siendo
lo que aún siendo no es
y aún no siendo
voy a su encuentro.





En Tiempo de metales y volcanes, 2007.





Desde esta casa antigua tan ajena a esas otras, de Rolando Cárdenas

(Punta Arenas, 1933)







En cada cosa inmóvil en la noche
está ese tiempo inmemorial
que me devora como un fruto extraño,
más que un antiguo sueño rezagado en la sangre
en que es difícil distinguir los rostros
y en su anillo difuso nos envuelve,
nos destruye y nos alimenta.

Sin saberlo hemos vivido atentos a ese rumor
del que emergiste extranjera y pensativa,
extendida junto a mí como una gran llanura blanca
de regreso a mi origen meridional y tenso,
recuperado parte de ese espacio desconocido
desde esta casa antigua tan ajena a esas otras,
con mis rasgos heredados que eran al propio tiempo los tuyos,
en que no me sorprendo de tu boca que ahora me llama,
ni de tus manos abiertas,
ni de tu gesto
que no te esconden ni te alejan.

Las palabras fueron hechas para esa lámpara de las sombras
que revelaron tu isla tallada en milenaria cancagua
hasta ser tierra derramada violentamente al sol.

Supe de la primera vez que viste florecer los muermos,
de tus ojos por las olas más altas y sonoras
en su peregrinaje sobre el mar,
del retorno incierto de las embarcaciones del alba
cruzando dulcemente los canales chilotes
y arriba el vuelo amplio de los cheyes.

De tan atrás de esos muros,
como un recuerdo dentro de otro más fecundo,
el arco iris y su curva silenciosa
sobre las islas de las tardes rojas
con ese claro juego de la luz y el agua como único rastro,
el rodar de las piedras por las colinas,
terruños donde los parientes lejanos viven sin prisa, taciturnos,
donde las tempestades armonizan a los hombres.

Esta tierra neutral que nos amarra
nos ha ido transformando lentamente:
tengo un rostro desconocido que no recuerdo,
estás con un pañuelo de aldeana frente al río
riendo fuerte y segura bajo el sol
y no puedo sino pensar en los tuyos o los míos
con negros rebozos entregadas sin fatigas a sus faenas,
estás sin tu infancia
temiendo a los pequeños y rosados gusanos de las siembras.
Soy en cambio,
el que en cada pliegue del día o la noche ve tu rostro,
las sombras reunidas o todos los inviernos
en el centro de esa transparencia,
humedecido corazón
en el que nunca habitaré.

No pesa la noche
convertido en un fantasma más entre estas paredes.
alguien con la certeza de haber respirado tu proximidad
por esa orilla distante donde callas,
casi ausente en la actitud del cielo más profundo,
iluminada nieve cubriendo una tierra obscura.

Absolutos e idénticos después de reconocernos
ante esa puerta que nadie más puede franquear
donde te continúas en otros tantos silencios,
aquel que se devuelve de su sueño
con la ternura con que quiere decir un nombre
es el único que puede dejar en tus manos
"este vaso con agua de la flor del yatui para el olvido".


En Poemas Migratorios, 1974.





Nota del autor: La frase con que finaliza: "este vaso con agua de la flor del yatui para el olvido" está tomada de la novela "El camino de la ballena", de Francisco Coloane. El yatui es una planta usada por los brujos chilotes en sus maleficios, que crece dentro de las calaveras y, al dársela de beber a los vivos, borra de sus mentes todo pensamiento.




Los canelos resplandecían plata, de Adriana Paredes Pinda

(Osorno, 1970)








Los canelos resplandecían plata
que jamás veremos
hablaban
como si el mundo fuese
un puñado de estrellas
en tu boca
aporcando
la siembra.
Ahora el Bío-Bío solloza
en el ciego eltue de mis cántaros
es un niño
buscando
la mollera de su madre
las mieles
de su madre
Genpin
cuál es la distancia entre tu aliento y el mío
en qué
trigal
anudamos
los ojos tardíos a la danza del puma
cándido
Genpin ah Genpin
quién
te reconocerá sino yo.



En Üi, 2005



Fotografía: H. González de Cunco

Deja, de Jeanette Huequeman

(Puerto Montt, 1965)






Deja que las olas bañen tu alma
llevarás el espíritu limpio
al comienzo del camino
llorarás mirando atrás
al amanecer das a conocer
olvidando el tiempo
y la sabiduría perdida
busca con tus sueños
el sendero de brotes nuevos
en la mañana de azul primavera
murmura el viento
grita mi corazón desnudo
al sur se levanta flor de fuego
como respuesta
a nuestro juramento.







En Kümedungun/Kümewirin, 2010.





A Teófilo Cid, de Eduardo Fonseca

(Temuco, 1962)








Yo te conozco,
te he visto caminar
sobre aguas oscuras
"con un vino amargo"
en el cuerpo,
llorando dolor
y sangre muerta.
Te he visto venir
de lejos
con toda la lluvia
a cuestas,
débil como una hoja,
marchito y solo
como tu sombra.



En Poesía, 1990.



Fotografía: Jorge Uzon





California* blues I, de Queño Binimelis

(Tomé, 1955)




La vida me agrede, basta con que desee algo
para que ella me lo niegue.
Del film Betty Blue, 47º matin


Prólogo
California está de espaldas al mar.

1.
California mira sus antepasados y mide sus sueños
desde la misma marquesa de una plaza
regalo de los gringos allá por 1800 y tantos cuando el trigo
llegaba en carretas hasta los barcos.

2.
California está de espaldas a todo centro comercial,
alejado de las luces de la plaza, sin siquiera las ruinas
de un molino que otrora fuera su sistema nervioso central.

3.
California niega su ancestro marítimo
cobijándose en el recuerdo de la dignidad de sus gentes
que miran tristes cómo va de sucio el Estero Collén.



-¿Qué harás, Johnny?
- Viviré día por día
Del film Rambo II

4.

California no quiere olvidar quien fue
pero sus viejos habitantes se mueren sin pena ni gloria.

5.
California, el barrial del barrio, con antepasados de antología,
de anécdotas, de patos malos, donde matan de día
(el Matadero Municipal) y siguen matando
la cara sucia y triste de su gente.

6.
California, al suburbio más antiguo de Tomé,
le sacaron la madre, las muelas, lo dejaron en pelotas,
y yace de espaldas al cielo en su única calle
que hoy niega llegar al mar.



El mundo es una cantina
tan grande como el dolor
Del folklore mexicano

7.
California también ha tomado sus tragos amargos
pero inexorablemente debió tomar Coca-Cola
para tomar la chispa de la vida que le falta.

8.
California no tiene discotheques, no tiene supermercados,
no video-games, no fast food, pero tiene
jóvenes, locos, borrachos, una industria fétida,
una calle, perros, gatos, niños, sol y una esperanza.



Epílogo


Como siempre la calle, el barro del barrio, el lugar
de juego obligado, su paisaje, su gente, permanecen
mudos, esperando.





En 1999, Concepción (Antología).



_____________________________________________________
* California: Barrio de Tomé resultante de la elaboración de la harina de trigo que era exportada a Estados Unidos a fines del siglo pasado, en cuyos sacos y en grandes caracteres se leía CALIFORNIA, sin precisar si este nombre aludía al lugar de origen o destino, por lo que se dio en llamar California al lugar donde se envasaba la harina.

Transitorios, de Alejandra Ziebrecht

(Concepción, 1959)







Este adiós presagiable
vivido tantas veces
como si lo ensayáramos.
Este adiós dialogado
Este adiós con altura de mira
sin cuchillos
ni enfrentamientos.
Esta despedida cliché
"ojalá te vaya regio".
Este homicidio frustrado
(con armas bajo la mesa)
duele igual que el otro
donde hay muertos y sirenas.
Y quedan unos pocos
para contar la historia
y hacen animitas a los amantes
y les prenden velas
las abandonadas
Así dicho
me da tristeza
lo cotidiano
lo coherente
de este adiós en cortometraje
y sin censura.




En Enrompecaída, 1995

Pa' la Negra, de Marcelo Paredes

(Puerto Montt, 1966)







Pequeño amor, si alguna vez
te muerde la serpiente del olvido,
no me cambies por un peluquero gay
ni un futbolista de segunda división
ni por un contador, ni un milico
o un diputado,
no me cambies, pequeño amor
por algún tipo oscuro, como un pastor
evangélico, un locutor de radio
o un panteonero.
No soportaría verte en la cama
con un animador de boite
o un juez de policía local:
sólo cámbiame por alguien
que te escriba mejores poemas de amor.







En http://www.poeticas.com.ar/Antologias/Poesia_joven_chilena/frame.html



Patria, de Ángel Valdebenito

(Freire, 1978)







Patria mía dilecta y bien montada,
yo soy ese utilero que durmió en tus pastos,
ardiente el corazón.

Uno que usó tu uniforme en paz
y lo devolvió a las bodegas como si nada.
En todo caso verás dilecta patria mía que no he sido
de esos otros, yo no he sido un cero a la izquierda,
un malhablado vendedor de tus terrenos.

Tú y yo
compartimos esta fascinación por las escenas campestres
que aplaudimos con algarabía;
orgullo de pertenecer al kilómetro 15, al 100
o al 727.

Antes merodeaba los sembrados en dirección a otras barracas,
vivir sentado, si pudiera vivir sentado;
he ahí el gran proyecto de un hombre,
pero esa suerte de artificio ya no es mi parte de tierra,
mi lugar en esta casa.
Recuerda el sueño reclutón de aplanar casuchas,
en vano esperarías de mi cuerpo un gesto más que este
                                    /voltearse solo,
a un grito, a un solo grito de distancia de la realidad.









En Sur Itinerante, 2009.







Fotografía: Giuliano Zoffoli




Voces arrastradas por el viento, de Nelson Torres

(Castro, 1957)









Aquí el amigo tiene la virtud de desaparecer.
Dice que viene de una generación de gente así.
Va de tumbo en tumbo,
toca puertas,
cae,
grita, se levanta
(tiene, sin embargo, una paciencia más fuerte que la raíz de un roble).

La invisibilidad le vino a cuajarones,
con súbita violencia,
a mansalva.





En Libro de los desaparecidos (inédito)






Fotografía: Susan Burnstine



Las bandurrias de noche..., de Carlos Barrientos

(s/a ref.)






Las bandurrias de noche son huilliches.
Entonces, no limitan. Entonces, arden.

Las bandurrias de noche son esos hombres. Entonces, no limitan.
Arden sus sombras en una sola hoguera
Arden sus lamentos y toda esta hierba,
Ola de agua nocturna que sostiene el espacio
Como vaso de un ‘bon vino’.

En tanto, nosotros nos tornamos tan desolados
Que es tan sencillo ahogarse en estas nítidas manos
Porque de noche los hombres son como las bandurrias
Con el lamento a flor de ojos.

Ojos, sangre, aves
Fondo de ojos heridos
Que surcó la muerte para amurallarse en labios.

De ellos mana saliva como un elixir de todo siglo,
Mientras en el inmenso día de la ciudad
Los espíritus no aprenden a morir.





En Prepárame, amor, para escribir el comienzo, 2007.




Fotografía: Jorge Uzon



Mis palabras corren para buscarte, de Jacqueline Caniguan

(Puerto Saavedra, 1974)







Desde hace días
que viaja mi pensamiento,
viaja a encontrarse contigo.

Mis palabras corren para buscarte
en aquella montaña tan tuya,
la de neblinas, hualles y canelos.

Allá donde vivo, me dices.
¡Ay! me digo,
sufre mi corazón
por haberse prendado de ti,
hombre ajeno,
hombre extraño.




Mi pensamiento debe regresar.






En Kümedungun, Kümewirin, 2010.





Tardes ociosas, de Reinaldo Molina

(1983 - 2009)





Estas son las mismas tardes ociosas y beodas
Que ha tenido este tipo durante algunos años

Toma una cerveza en el último rincón del bar
Piensa en tantas cosas: su vida habría tenido otro sentido
A no ser porque la existencia
Es un juego mentiroso

Pensó que después de todo su pobre vida miserable
Estaba escrita en la sangre

Beber cerveza aguada tampoco es algo tan malo

Una imagen se vuelve a extender sobre el corazón y los ojos
Siempre hay un amor que se termina esperando
Exigiendo de cierto modo cercanía a lo bello
La alegría que alguna vez no fue ajena

El pobre tipo tiene la sensación que con un recuerdo
Se iluminan todos los rincones
Afuera del bar cree que hay un sol veraniego
Que brilló en otros tiempos

Pero es martes y llueve sin tregua
Hace unas cuantas semanas.





En www.letras.s5.com




SUPERHÉROE de Gonzalo David: Los hijos castrados de Kripton




Por Alejandra Contreras F.



De que los superhéroes se extinguieron desde la glaciación universal, hace millones de años, de eso estoy segura. De que llueve kriptonita todas las noches y mañanas con cada gota en el rocío, también. Débiles. Cada vez más débiles, nos enfrentamos a una madrugada torcida, sobre una galaxia, tan vacía como el corazón borderline de Abril, y el otoño decadente que trae su nombre, lado a lado a sus poemas encendidos por la escarcha más obscena.

Sin embargo, en este devenir constante, asido de un superhéroe tecnicolor proclive al caos, el poeta con apellido de héroe bíblico, nos lanza un ardid sombrío y demente. De esa demencia que solo se huele en la terrible compostura adolescente. “Smells like teen spirit”. Década y media hacia el futuro, un futuro de molotovs, terremotos, polarización social y asesinatos en masa.

Cajitas Mcdonald’s, epígrafes de estrellas del rock, procedimientos suicidas, revólveres, decoran el poema de este chico que odia las frasecitas en inglés, porque está harto de traducir al español. Chico bullying, provinciano, amante de la decadencia y el dolor más intenso. De la violencia nocturna, de la literatura ultramoderna, del destello de neones y vitrinas cada vez más céntricas. De un sueño malparido, de esos que sólo pueden compararse al amor maldito.

“como una llamada perdida en la madrugada

como una cancioncita lastimosa en inglés

como una serie del cable

como una fantasía cursi colegiala

como mi pequeño pedacito de cielo

como una novela perversa con nombre de mes

como las fallas de la telefonía celular que por algo pasan

como una estrella a millones de años luz

como un labio homicida empapado de alcohol”

Si no conociera personalmente a este poeta, podría juzgar simplemente que me aterra. Aunque adoro esta dicotomía humana. Estas lúgubres y multifacéticas oquedades presentes en el cerebro de cada especie del reino animal, donde la poesía, lenguaje sublime y esquizoide, expresión excelente del Paraíso y del Infierno, es un canal abierto a toda criatura ávida de belleza, y por sobretodo: Horripilancia.