Baja la niebla, de Adriana Paredes Pinda

febrero 08, 2010

(Osorno, 1970)







Baja la niebla en esta niebla
lican
del pangui
baja la niebla en esta niebla
henos aquí todos untados con el aire ácido
relambíos
las orejas y pezones
por las lenguas del ozono
henos aquí, Jaime Luis, tal cual
dice
usté
"VIUDOS DE NUESTROS DIOSES"
quizá
se acerque nuestro día
"nosotros como el sol no tenemos amanecer"
baja la niebla en esta niebla
las maldiciones
son acero
en el ojo mendigo de los aciertos
la palabra
que condena
ebria
trasnochada, Huenún del bajo
baja la niebla en esta niebla
lican
del alto
donde
dormirá
relámpago
dónde
la lluvia apaña su inocencia
y los pájaros
ah los pájaros Jaime Luis quién
podría arrebatarnos los pájaros.










En Üi, 2005











Deseo, de Rosabetty Muñoz

enero 23, 2010

(Ancud, 1960)








El deseo es un barco poderoso
arriando anclas y cadenas
en medio de la noche.

Estallando con el estrépito
de las posibilidades.
Bajo el silencio crispado
el ansia apenas perceptible.

Es también, el pliegue de luces
en las islas de canales tan angostos
donde un barco, más que navegar,
acaricia.







En Sur Itinerante
Voces de un territorio en movimiento, 2009




Cómo me gusta tu cuerpo, de José Alfredo Pérez

enero 19, 2010

(Valdivia, 1969)






Cómo me gusta

ese pedazo de ti...
alma de infinitas sonrisas
me conmocionas con tu ternura y sencillez

Recorro tu intimidad como ángel desbocado

y veo las caricias de tus labios
hablar a los vientos de belleza, cariño y ternura

Cómo me gusta tu cuerpo

dije una vez
al son de un bolero
mientras nuestras manos, afortunadas,
recorrían furtivas la oscuridad

Cómo me gusta

sentir tu cintura cuando el amor
nos convierte a la juventud

Desperté una tarde

al alero de tus ojos
mientras mis sueños recorrían, furtivos,
tu alma...


Cómo me gusta tu cuerpo

pensé
cuando tus labios
olvidaban mi caricia
y mi llanto nacía.









En Cómo me gusta tu cuerpo, 2009







Si fueras frágil..., de Carlos Cortínez

enero 17, 2010

(Santiago, 1934)








Si fueras frágil
Como la pintura de las casas viejas
Si como una carta aérea
No excedieras mi palma

Si pudiera extrangular
Tu presencia
Viva
O hacer vivir en mí
De nuevo la infancia ya enterrada
Cuando aún tu osamenta
No fraguaba

Si libre al fin por sortilegio
Dueño de todos los caminos
Desligado de horarios e ideales
Lograra rescatar un día
Veinte horas solamente
Dejando el mundo intacto
Las montañas la distancia
La estupefacta mariposa atrapada
El metálico utensilio del orbe
Las uvas el cincel el odio las bacterias
Lo espantoso y lo débil
Pero sin ti

Sin siquiera tu lápida o tu olvido
Sin una huella tuya sin que nadie
Modelase ni por burla tu semblante
Con tu madre sofocada en su doncellez furibunda
Definitivamente solo

Así
Antes que yo
Alguien ha estado
Recuperándote en la noche más fría de tu ausencia
Defendiendo y enterrando la semilla
Con tu sangre
Insuflando en su horma única el oro transparente
Multiplicándote como un eco
Que se instala en el salón de la memoria
Alfombrada de espejos y de luces

Así alguien ha ido
Atestando las cimas y los valles
Con tus colores
Tiñendo las alas de las mariposas liberadas
Y en las grandes uvas del verano
Tus delicias tan odiadas

Así aunque se arañen todos los adobes
Y se destruyan todos los papeles
Escritos con tu nombre

Por si alguien vuelve a amarte
Con esta misma desesperación
De no perderte.








En Poesía Chilena (1960-1965),
1966








Fotografía: Nacho López






Me pregunto a veces, de Ricardo Altamirano

enero 11, 2010

(Cañete, s/a ref.)








Me pregunto, a veces,
si te irías a vivir conmigo
a Melinka, por ejemplo,
para ver amanecer
soles rosados,
para ver caer
la lluvia horizontal
de los inviernos,
para ver el galope del mar
del mediodía
me pregunto a veces
si te irías a vivir conmigo
a Melinka, por supuesto,
para sentir el viento sur
hasta en los huesos
y divisar para siempre,
siempre
y siempre,
el Melimoyu majestuoso
a la distancia
amo y señor
de todos los paisajes.
Me pregunto, a veces
si te irías a vivir conmigo
a Melinka, sin dudarlo
a adivinar
como se pone el sol
al otro lado de la isla
cada tarde.
Me pregunto a veces
si te irías a vivir conmigo
a Melinka, sin retorno,
y añorar
si fuera el caso,
lo que quedó,
lo que no fue
o lo que espera.








En Voces del silencio
poesía en la Patagonia, 2004






En el País Nocturno y Enemigo VI, de César Cabello

enero 08, 2010

(Santiago, 1976)









"Si los bueyes adoraran dioses
se adorarían a sí mismos"
Jenófanes





1. Me alejo de la música / las academias

y la partitura


                        Al hábito de buscarle sentido

                        en el orden de las cuerdas

                                    renuncio




Estoy dispuesto a abandonarme

cambiar la ubicación de los libros
tragarme la llave / y caminar en la obscuridad
descalzo



Anoto: la conciencia.




2.Reniego de mis pasos / los amigos

el recuerdo

                        de la mujer y la familia / me aparto




A la cifra y a la arruga

dejo la enumeración/ los años

                                    las notas de esta partitura



No es de Sombra componer

para el lastre de la herencia



Anoto: el cuerpo.





3. Trato de mantenerme despierto

que el farol en su vigilia / me acompañe


                        A la luna temblorosa / no le ruego

                        de lo certero y lo terrestre
                                    no soy amigo



Gusto de la noche / el equívoco y los laberintos

A las cosas que son una / pero asemejan a otras
en el oficio de insinuarlas

                                    me aferro



Me he vuelto casi un animal / un fantasma

el guardián que por las noches
sube a roer los instrumentos


            Se ha borrado mi lecho de todo mapa

           de toda lista negra han quitado mi nombre
           en ningún Tratado de Música aparecen mis versos



He caído prontamente

en el olvido



Anoto: la obscuridad.










                          *



Apartado/resumo:


                Soy como el ladrón de la fábula india

               que robaba campanas / cuando la tarea era
               guardar silencio.











En Las Edades del Laberinto, 2008










No puedes emocionarte con tus poemas, de Ricardo Herrera

diciembre 31, 2009

(Temuco, 1969)










No puedes emocionarte con tus poemas, poeta
debes mantener distancia
reírte a lo sumo
para eso Parra leyó a Pound y leyó a Eliot
más respeto con Cárdenas y no borres de un plumazo
a la generación anterior
que cada poeta ha construido su muro de adobe y cristal
con sangre, sudor y lágrimas


no puedes escribir mirándote al espejo
sintiéndote un cristo barroco con la cita a flor de labios
debes guardar distancia con la nostalgia
(ese territorio situado entre la nieve que cae
y la muchacha que acaba)
no te creas el hoyo del queque o de la sopaipilla
porque lees a un rapsoda de la antiguedad o la baja edad media
que sólo tú conoces


no te creas la guinda de la torta
porque pisas sobre los carros pisanos
o le azotas la nalga a tu negra con un gato negro: no bebas tanto
cuidado de andar por la vida oficiándolas de escribidor
fumando opio tendido en un sillón de mimbre
observando el océano de cuero o badana
leyéndoles poemas a las gallinas sobre una plataforma metálica


neones y glamour, poeta, en el barro de la aldea.









En Sendas perdidas y encontradas, 2007











Fotografía: Alexandra Demenkova





Membresía della, de Sergio Rodríguez Aranís

diciembre 13, 2009

(Yumbel, 1967)









por estarnos por ver la cara de las manos abiertas
he compartido un no sé qué de ventanas
eres la mujer de las huellas sonoras
esas que me dicen que eres en todo el mundo

sinceramente habría que ser tu piel
desa única manera se puede conocer el agua
sabes quel aire te visita a toda hora
sin embargo lo evades para espiarlo
y hacer tu propio aire de cosas inmensas

eres lo salvaje del misterio
lo fuerte del abismo
la subida del entusiasmo

tantas materias

eres
el regreso






Juan Pallante, de Cristian Aurelio Antillanca

diciembre 12, 2009

(Huiro, Corral - 1974)






Juan Pallante me dijeron que te llamas
cuando yo andaba triste
"Juan Pallante i latúe
la planta con nombre y apellido"
me dijeron
desde ese día te busco Juan por la orilla
/del río
para bailarte, para pedirte
como lo hacían los antiguos
Que venga el Kallfürapa del otro lado
/del Chahuin
como toro embravecido
a plantar bandera
bandera mapuche
para que retoñen tus hijos Juan
y los nuestros puedan bailar pedir
que se levante que se despierte
de la tierra
el coligüe.










En La tarde cae en las hojas de lo árboles, 2006







(paisaje de tejuela y zinc), de Mario García

diciembre 06, 2009

(Chaitén, 1964)







A veces viene la muerte
a esclarecernos los ojos
y a mostrarnos la madera
de la que estamos hechos,
descubrimos entonces
que detrás de los ángeles tejidos a crochet
sólo con magia hemos cubierto
nuestras miserias y encendido el farol de nuestros pechos,
esta ha sido la luz o las luces
a las que parejas enamoradas encomiendan
sus deseos y sueños en la punta de Ten-Ten.


Sólo la magia nos ha hecho resistentes al olvido
y al picotazo del alfiler que de vez en cuando
sentimos clavarse en nuestra espalda,
con magia hemos lamido nuestras heridas
e invertido las constantes derrotas.


Sólo la magia y las palabras
o las palabras y la magia
que suben y bajan en las gargantas
como las mareas o las corrientes
en nuestros cuerpos flotando en la orilla
porque el gusano igual no más ha penetrado
hasta los solitarios huesos del alma
y sólo la muerte ha venido
a esclarecernos los ojos.








En Sur Itinerante, 2009



originalmente en Los palafitos... del paisaje, 2000






En mi red de luciérnagas, de Jubal Alfonso Varas

noviembre 28, 2009

(Puerto Domínguez, 1942)






Viajemos de nuevo
juntos.

¿Dónde andas
mariposa infinita?

¿Dónde huye tu ausencia
y por qué de mí?

¡No te vayas poema!

Sube a mi red
repleta de luciérnagas
de pájaros
de alas rotas.

Comprenderás al fugitivo,
al que ha huído siempre,
a aquel del incansable destino.

Juntémonos
al final de esta tarde,
allí donde tal vez
se encuentre
la plenitud infinita del asombro
o el recodo donde se inicia
la rutina de nuestros días.






En Laberintos y Ausencias, 1995








Fotografía: Juan Lemus








Eva, de Franco Ibañez

noviembre 19, 2009

(Temuco, 1960)





Eva se come la manzana parada en una
esquina
bajo la luz de un farol

y espera un bus que nunca vi pasar

solloza sobre el televisor encendido
miente...sonríe
y su grito se pierde
en medio de un tumulto enloquecido
mientras el ayer no existe


y su cabeza en llamas
como una carcajada flotante


y su nombre que estalla en mis sienes


y ella allí
en el mar...en la tundra
también se despide de si misma
se despierta con las sábanas pegadas al
cuerpo


y susurra un nombre
que no es el mío...









En Revista Arieté nº 1, 2006






Óxido de olvido, de Jorge Torres

noviembre 14, 2009

(Valdivia, 1948 - 2001)







Aunque aceptemos que el paisaje
no tiene dueño, y el supuesto
propietario es un pobre
sujeto que paga de mal talante sus impuestos,
siempre será furtiva nuestra mirada,
la mirada
del turista
(léase: viajero, transeúnte, pasajero caminante).
Siente que le roba a alguien la belleza de la campiña.
La primaveral florescencia de los manzanos.
El sonido del beso de la ola sobre la playa.
Las ingenuas rosas rubicundas.
El estío sobre la hierba
y todo eso.


Viene de un lugar vedado donde la perspectiva
es estrecha, oblicua.
Él nomás sabe cuánto
daño hace sobre el paisaje: esa mirada corrosiva
restándole color, envejeciéndola
hasta la evanescencia.


Por ello el sepia de las fotos no es sino la
ecuación de los colores: nostalgia y adioses,
o sea,
óxido de olvido.












En La dicha vacante, 1999.






Poeta en Puerto Aguirre, de León Ocqueteaux

noviembre 05, 2009

(Pillanlelbún, 1937 - Chile Chico, 2009)






Al amanecer el poeta despierta,
y lee "me alimento de la carne de buey y del agua de los torrentes"
Yo no puedo decir así como tú, viejo Walt,

afuera se desperezan los primeros pájaros del mar.
El viento WE sacude la pequeña casa de madera;
y se escucha el trepidar de los motores de las lanchas.
Sí. Es alba fría. Los últimos ebrios resbalan
sobre las callejuelas de caracoles muertos,
y su ruido quebradizo me recuerda un verso de Blaise Cendrars.
El viejo Azócar escucha a Joan Báez y maldice contra el mal tiempo que vendrá.
Por la ventana se ven tres tordos en las ramas heladas del único ciruelo del puerto.
Y tú piensas en la leyenda de la felicidad.
Tu hijo quiere conocer al abuelo que acaba de morir.
"En la bodega de la vieja casa el morral cuelga vacío.
¿Quién cazará ahora los choroyes y torcazas?
Mi pobre padre ha muerto..."
Acaricio tu cabellera de algas amarillas
y te repito otra vez, unido a ti como el remo al bote.
Dulce como una abeja.
Quieres pintar el mar con el color de las olas.
Una noche de tormenta, hace ya más de veinte años,
Pablo de Rokha estuvo aquí comiendo choros zapato
con don Carlos Alvarado cuando era estafeta de Correos,
y escuchó las historias del pirata Ñancupel.
Algún día visitarás la Cueva de los Siete Esqueletos.
Nunca aprendiste a jugar truco.
Los peces se arquean en el agua como caballos de mar o ramas de árboles.
El día huye en la punta de los campanarios.
Puerto Aguirre es un lanchón cargado de congrios y róbalos,
es un caiquén ahumado servido en el boliche de don Thelmo,
es el olor del ciprés de las Guaitecas recién cortado,
es Bill Barnes, el "Aventurero del Aire", vuelto a leer treinta años después,
es el licor de murtas preparado por doña Hilda Gutiérrez,
y es también la Isla Pejerrey, divisada apenas una mañana de neblina.
Las islas del frente te recuerdan Esmeraldas
en donde un dieciocho estuviste solo en la plaza,
con una botella de vino, y los Salmos de Cardenal en el bolsillo.
En una fotografía apareces con sombrero y una manta de Castilla
junto a la verja destruída del Cementerio Antiguo.
En la pared, un cuero de chingue estacado en cruz,
y un verso escrito con carbón: "Y la luz vino a pesar de los puñales..."
Sí, siempre he de ir tomado

de tu mano, viejo Walt Whitman.









Fotografía: Raymond Depardon









Una nueva desesperanza, de Miguel Bórquez

octubre 31, 2009

(Punta Arenas, 1985)








remotas son las esperanzas hoy
justamente hoy
se tuerce más el árbol de ciruelas
choca el viento
con las manchas de suicidio permanentes en la acera
los alambres de púa se extienden hasta el horizonte
al igual que las minas antipersonales
los walkman destripados
los conejos desarmados
los submarinos amarillos voladores
se tuerce más el árbol de ciruelas
la vida no es eterna
el dolor a veces sí
o las distancias se miden en lágrimas de azufre
en menstruaciones masculinas de cloro
se preña el tiempo de fotografías a medio desteñir
una mariposa muere aplastada por un iceberg
el penúltimo arco iris de la noche
miente cuando canta
las más remotas esperanzas de verdor
se diluyen con el vino
ni tú ni yo observamos las creaciones que vomitan por ahí
se tuerce más el árbol de ciruelas
la vaca madre es fulminada por un rayo láser
una canción de cuna, epiléptica
sustituye a dios cualquier noche
mientras más remotas las esperanzas
más desgraciadas las caricias que nos damos bajo la mesa
más macabras las excitaciones
de peceras solas
de lámparas fosforecentes en lugar de ojos mudos
se tuerce más el árbol de ciruelas
y más se inexiste el camino para retornar a casa
y volver a tocar
la vieja foto el abuelo
o las flores de plástico que se derriten en la chimenea.





2008





Restos, de Viviana Geeregat

octubre 26, 2009

(Gorbea, 1983)







"...como esos pobres amantes
que mientras se buscaban
de una ciudad a otra, llegaron a morir."
La Despedida. (E. Lihn)




Rondo por calles tras la maestranza,
recorto señales para no olvidar el regreso
Huella, respiro, lágrima
Resisto a la cordura en todo cruce
en toda muralla cayendo por el peso del aire

Tu presencia se esfuma entre los dolidos barrios y mi cigarrillo


Arden en ausencias las velas del Perpetuo Socorro
en el crepitar errante de miradas sin consuelo
de parroquianos arrimados a su memoria


La cantinera pregunta si tinto o blanco
tinto, digo, para enterrar
dos, me dice, para solidarizar
Y en ese expendio brumoso
despedí en tu sombra la inquietud de mis días.







Shannon Hoon, de Reinaldo Nova

octubre 21, 2009

(Tomé, 1980)









Cuando quieres ser visto, ahí estás

En demasiada exhibición del exceso
Sobre todo al beber vino hippie
Caminando en el desierto,
Con la acústica a cuestas.
La actitud pasiva de una dulce voz,
En el Woodstock 94.
Hurtando melodías al folk,
Descubriste el final de un día desierto.
Electrizado sin mirar el espejo,
Viste un espejismo de espasmos.
Caminando al final de las primaveras,
Te hicieron ver mal diciendo.
¡No llores esta noche!
Cuando la tristeza es perpetua.
Absolutamente alterado por el exceso,
La alta complejidad al apostar todo,
¡Cuando no era necesario!
Dejaste al rock manifestar su arte,
Que no era el paradigma del momento.
Motivado por la fama de estar con el mejor equipo,
Sacando el máximo provecho a la imagen en MTV,
Hasta que aparecieron esos delincuentes,
Cuando se acercaba el invierno.












En Fosacomún, 2009







Busco en la oscuridad, de Andrea González

octubre 14, 2009

(Tomé, 1983)






Busco en la oscuridad un par de ojos que me sigan,
que no me dejen tan sola.
Busco en la oscuridad alguna señal
que no dure mucho tiempo en esta inmensidad.
Siento tristeza del alerce cortado,
siento nostalgia de sus ramas desparramadas en el pasto.
Cómo fotografiar y hacer real el durazno bañado
                                    /de rocío,


de gotas de lluvia que parecen brillar,
que parecen luces navideñas en invierno.
Cómo aprovecho este silencio, esta soledad,
de dónde saco fuerzas.
Se abre la puerta y deja el frío en el ambiente,
deja el barro en la madera amontonada en el espacio
                                     /de la leña.


Entra la puerta en la ventana


y se hacen pinos, se hacen días, se hace luz.












En Fosa Común, Taller Literario, 2009







Elegía, de Juan Salvador Polizzi

octubre 12, 2009

(Concepción, 1946)







a Domingo Gómez Rojas
poeta anarquista,
muerto en la tortura el año 1920





Aquí vamos los viajeros incansables
en brazos de la perpetua sonrisa
tenemos jardines lejanos
y tesoros enterrados en otras islas
vamos siempre tras el mismo norte
desde el primer zarpe, hace tanto tiempo
buscando el mejor lugar para nuestra siembra
encontrando puertos abandonados
donde hombres y mujeres muertos
pasean descalzos por la calle fría
y tañen campanas de duelo en cada esquina
somos nosotros; los malditos
llevamos banderas bordadas en la piel
y la voz gastada de tanto cantar
inmóviles se diluyen los sueños
hay un viento gris que todo lo arrasa
buscamos amor y chocamos con piedras
hay una cárcel en cada alma viajera
que imprime a la vez alegría y tristeza
con tanto viajar almacenando recuerdos
se nos fue la vida sin construir los sueños
y al irnos nosotros no cambiará nada
partirán de otros puertos
los nuevos viajeros a buscar esperanzas
y encontrarán hombres y mujeres muertos
paseando descalzos por la fría calle






Ella que envejeció escribiendo, de Juan Huenuan

octubre 10, 2009

(Temuco, 1977)








Tu falda subiste como ciega abandonada a los sentidos.
El templo a las piedras, escucharon decir
y enseguida lo atoraste con monedas.
Ya no hay tres días para alzarlo como témpano,
ni suficiente escarcha en los recuerdos de la tribu.

Aún mayor,
proscrita lanza fuiste.
Saciaste las bóvedas del emporio.

Renunciaste a ver con ambos ojos el espectro
y ciertas veces,
con un rezo silenciaste otras voces.
Ahora se te ha visto interrogando tronos,
ellos, sepultureros de castas y coronas.
La leche que bebiste con sandalias y túnicas
son laureles atados a la sien de tus estertores.

Aún mayor,
opio jugando en la cavidad de los egos.

¿Ya no hay venas que puedas desangrar
hasta bautizar un estandarte en los suburbios?
Proscrita lanza fuiste
cuando la vocación no era de máscara
o adorno durmiente del muro.
A veces fuego,
cansada de ser fuego en la vanguardia.








Pétrea, de Alejandra Contreras Fernández

octubre 06, 2009

(Chillán, 1976)






a Patricia Contreras


El corazón es un rugido
de una legión de bestias agonizantes.
Tiemblan las colas de zorro en las sombras,
y el hálito de los animales muertos
escarcha el ramaje torcido de los notros.

Ella camina por las piedras grises,
como el alma que escapa de la tumba,
y arrastra la neurosis del futuro.
Los ojos perdidos en los cerros,
el estruendo del agua contra las rocas,
el cielo es una imagen invertida
de todos los incendios infernales.

Y ella tiene hambre de las piedras,
que repiten el dialecto de la montaña,
y aúllan en las noches el silencio
del caminante condenado hacia el sepulcro.
Cuando ella abraza las piedras frías,
se funde al lamento eterno de lo oscuro.

En las noches se escucha el silbido
y el quejido de una roca que respira.
Las ancianas cuentan a los niños
de la mujer enferma que se fundió en las piedras,
ellos la buscan en el roquerío,
absortos en la oscuridad lagrimeante.







En El tiempo flota en el pantano de hielo, 2009




Frontera Boca Arriba..

septiembre 29, 2009








Adiabática, de Ivonne Coñuecar












Sur, de Clemente Riedemann

septiembre 20, 2009

(Valdivia, 1953)








Al principio el sur era mi patio, el perfume de la magnolia entrando por la ventana en las mañanas del verano. Rumor de los vapores, los trenes, oleaje del río balanceando las totoras, la madre canturreando “el día que me quieras”;
Pero después fue cataclismo, inundación, barcos tumbados, locomotoras como cucarachas indefensas bajo el sol mortecino. Fue metralla, allanamiento, el padre y el hijo torturados uno frente al otro en los gimnasios;
Al principio el sur era mi patria, la bandera flameando en el pórtico, el alto tiuque vigilando los bosques, un niño reventando guatapiques;
Ahora el sur es una herida, cerrada pero viva, debajo de la piel, lagartija correteando en las murallas, canción susurrada en las esquinas.
Canción nueva para vivir el día, breve y a la vez infinito. Como un círculo, como un poema, como el amor. Quizás somos sólo una palabra.














En
http://suralidad.blogspot.com








Fotografía: Isabel Lipthay






Salmo de la porfía, de Alfonso Alcalde

septiembre 18, 2009

(Punta Arenas, 1921 - Tomé, 1992)







Me cortarán las manos y seguiré escribiendo
a tiro fijo, atrincherado y menos digno.

Enviarán mis ojos no sé dónde y porfiadamente
seguiré escribiendo.

Sumergido en el fondo de los ríos
y en la misma soga del ahorcado seguiré escribiendo.

Decapitado y con las entrañas en otro sitio
también seguiré escribiendo.

Aprisionado en la piedra de donde nunca
debí nacer, seguiré escribiendo.

Golpeado y cincelado y puesto a gastar
contra los días y contra mi mismo
seguiré escribiendo.

Con mi cabeza como antorcha
y cavando mi propia tumba
seguiré escribiendo.








En Siempre escrito en el agua, 1998