FRONTERA SUR

Descendencia, de Ricardo Loncón

(Lefhueluan, Traiguén, 1956)








 Ana Francisca Raimán Liencheo
en la tarde de lluvias torrenciales
y lágrimas que brotaban de tus ojos
por efecto de los gases lacrimógenos
en los campos de Lumaco en 1967.
Tu voz fortalecía la esperanza
de recuperar un día esas tierras
mientras tu esposo era introducido en un camión
por los agentes del Estado.

Ricardo Antileo Raimán,
los barrotes de las cárceles
de Angol, Traiguén, Temuco
y las paredes del Regimiento Miraflores
no doblegaron
tu espíritu rebelde, 
tu altiva frente que humilló
el rostro de los viles verdugos.

Elisa Huaiquimil Queupo,
la niña que creció huérfana de padres,
nieta del guerrero José Miguel Queupo,
que con cálida dulzura
hilaba la lana de las ovejas que criaba
para abrigar nuestros sueños infantiles, 
nuestros llantos y risas con que alegrábamos
sus días y pensamientos.

Antonio Antipi Huaiquín,
weupife, vocero de la historia,
descendiente del linaje Lonkomill,
nombre que ahuyentó a los sicarios
de Saavedra, Urrutia, Pedro Lagos.

Ustedes, mis abuelos
son este rostro que flameando llevo al viento
son mi canto, mi bandera
que jamás permitiré sea mancillada.



En La memoria iluminada: poesía mapuche contemporánea, 2007.



Fotografía: H. González de Cunco

A tu salud, querida, de Ricardo Herrera

(Temuco, 1969)





Mirando de soslayo, lo que se derrumba, para no
                                         enamorarme de la fragilidad
del fraseo con que la fragilidad nos nombra silba o dibuja
mirando como quien vacila en acariciar o cortar la piel
tatuarse una cicatriz o una ola
ausentarme unos años para volver al ruedo
para decirte al oído "a tu salud, querida"
dueño de mi propio subway donde las desamparadas
                                                      de la tierra van a dormir
llorar en carros que no se detienen sino hasta llegar al
                                                        corazón. Allí instaurar
ese territorio donde la orfandad se llama amor y el amor tirita
de frío y ternura frente a la primera llovizna. No hay regreso
en esa estación de los abrazos
sólo miradas que anticipan la fragilidad, el derrumbe,
la ceniza que sucede a la fiesta y se hace la sangre del tiempo
no observar entonces, cerrar los ojos y hacer de los brazos
                                                                           dos orugas

sobre una hoja que es el cuerpo.





En Sendas perdidas y encontradas, 2007.


Imagen: Jack Vettriano

Después de los relámpagos, de Nelson Navarro

Caicahue, Quemchi, s/a ref.




Sostuve el poema
a la altura de tus ojos mientras ardía la carretera sur.
Allí en la orilla chicoteaba el mar.
Sentimos la vibración de un trueno y la ventana
de nuestro bus se hizo trizas con los rayos.
Salimos heridos pero bastó ese primer beso
para salvarnos.



En Miradores, 2009

Ocho, de Elena Muñoz

(Aysén, 1945)






El reloj me dice
que llegó el invierno
Subiré entonces
con manzanas y flores
diciendo que llegó la lluvia
Quizás ahora
volverán mis risas
de tarde en tarde
Y encontraré tu aliento
que aún brota, escondido, 
en una solitaria puerta.



En Mesa para diez, 2009.


Weichapeyuchi ül: cantos de guerrero. Antología de poesía política mapuche, de Paulo Huirimilla







Los textos presentes en estos Weichapeyuchi ül: Cantos de guerrero vienen a representar cierta zona de la poesía mapuche que testimonia históricamente el proceso de resistencia social, cultural y política que ha venido dando este pueblo. 
Frente a los diversos procesos de asimilación cultural forzada, esta antología recoge los antiguos cantos de guerreros a la vez que la actual poesía mapuche donde se protesta, siempre poéticamente, sobre la expoliación de la tierra, la pérdida de la identidad, la emigración, el encarcelamiento y el conflicto de tierras en el sur de Chile. Muchos poetas cantan sus textos o incorporan el afafán o gritos antes de las lecturas públicas o siguen los patrones de esta escritura de oídas. Pues bien, venga esta bronca, donde se testimonian sangrientos hechos y donde hay una esperanza de reconstrucción del antiguo territorio o Wallmapuche, parte de Chile o Argentina, de donde también son los poetas yülkantufe, que nos presentan su palabra de resistencia y dignidad.


Voces, de Faumelisa Manquepillán

(Puquiñe -Lanco-, 1960)







Escucho voces:
Voces que nacen de la matriz de mi tierra,
de antes y después de los tiempos.
Voces, de sueños infinitos
las voces ancestrales
que se insertan en los depósitos del viento.

Voces, que generan adormecidos secretos
de mi pueblo,
que anuncian verdades sin fronteras,
voces de soledades inmaculadas que edifican raíces,
raíces dispersas por mi tierra.

Voces, que anidan en las memorias
que se adueñan de los sueños sin cadenas.
Voces, que palpitan al eco del kultrun,
que se escuchan claras a la luz de la luna,
y aún más nítidas en las noches de tormenta.

Voces, como lanzas punzantes
que despiertan a los hijos de mis hijos,
que se entretejen en los confines de los tiempos.
Voces, que entre luces y sombras sobreviven,
entre huesos ya raídos,
en semillas germinadas.

Voces no errantes, voces de relámpagos,
voces entre aguas.
Voces de mi pueblo.
Voces…


En Sueño de Mujer, Zomo Pewma, 2010.


Fotografia: Alejandro Sotomayor




Fantasmas de humo, de Rodrigo Urzúa

(Punta Arenas, 1984)







No me extrañarás nunca.
El frío ha de borrar mis poses de ciego,
mis cartas al vacío,
mis celos de niño pobre, jugando con tus silencios.
Mis imágenes, regaladas frente a cientos de besos,
se irán como los días tranquilos,
como la paz en el césped de tu casa,
vieja, oxidada entre las ausencias.
Y luego, llegará el olvido.
Mis ojos ansiosos penetrando los rostros de tu rostro,
mis manos recorriendo las bondades de tus vuelos,
volando entre sábanas, como coloreando el vacío,
llenos de brumas y esperando el viento.
El viento de las sombras, de la nieve.
Entonces te habrás olvidado.

Te olvidarás pronto de mis ruegos de condenado,
de mis intentos de hermosear lo inútil,
sólo por un beso de bocas abiertas, esperando crucificar nuevas lenguas.
Te olvidarás de mi impaciencia,
hurgada por conversaciones vanas, por demostraciones de saber.
Te olvidarás de mi olor a niño viejo,
te olvidarás de mis manos tiesas,
crispadas dentro de la belleza de una luna entre mis dedos.
Te olvidarás del sabor de mis labios cansados y de mis lágrimas,
de mi ausencia de mundo, de mi salud perfecta.

Y cuando eso pase, amor,
yo seré un nuevo condenado,
destinado a las muertes fáciles del olvido.
No despertaré jamás con tal de saludar tus cavernas cada mañana,
esperando renacer en la memoria
del rincón cerrado de tus besos.




En http://lavquen.tripod.com



Fotografía: Rong Rong, 19
94

Arribo a Santiago de Chile, de Juvencio Valle

(Villa Almagro, 1900- Stgo., 1999)






Llegué a la urbe con las uñas rotas,
con el talón herido,
llegué azul de sonata y pelambrera;
llegué, señor, envuelto
en tenues acuarelas;
el corazón desnudo como un álamo,
llegué lleno de frío.

La cabellera al viento
y un sueño bajo el ala;
una voz pregonando la viruta
y el aserrín fragante por mi pelo;
vuelto sílaba o silbo mi discurso,
mi verso, pura tierra.

Entré con pie confuso,
descalzo de saber, lleno de dudas;
llegué a Santiago en ascuas,
poseído de errores;
por las viejas roturas de mi verso
iba mostrando el hueso.

Oh, Santiago de Chile,
entré por tu Alameda,
caí lleno de sueño en San Francisco;
tu calle Catedral, piedra y palomas.
Perdido en este bosque
desde garganta hasta clarín me muero.

Qué caballo tan raudo el que me trajo
corriendo entre suspiro y mariposa;
blando como un ramaje
y resumiendo nieblas como un pino.
Y por el vientre tibio y salpicado
aún verde de helechos.

A veces,
qué será, me pregunto,
de mi vieja provincia.
Qué será de esa tierra
en donde la col celeste se levanta
y en donde, entre zozobras
de amor y yerbabuena,
dejé atrás una trenza.





En Del monte en la ladera, 1960.








Entrevista a Gonzalo David: de poeta bordeline a pastor presbiteriano




Por Alejandra Contreras

Chillán, verano del 2009. Nos pagaron con cerveza y pizza por nuestros poemas violentos, desterrados al sur del mundo y asfixiados por la furia del abismo. Sonreímos y hablamos de la forma más rápida de suicidio, Dostoiewsky, Los Smiths. y Calceido. Gonzalo David, esa noche post-adolescente y borracho de las imágenes pop art del 13 Lunas. Nos miramos y sonreímos, nos besamos, pateamos bolsas de basura por las calles, gritamos con odio como sólo lo podrían hacer los futuros precursores de la poesía chilena en llamas. En ese entonces, no pensamos que seríamos llamados hacia las naciones blancas de las que en fiebre poética balbuceaba aquel infante terrible. Necios y de corazón desfigurado, nos arrastramos lentamente hacia una luz admirable.

¿Cuál fue la génesis de tu poesía, y cómo te impactó la literatura en tus primeros años?

Empecé en el colegio, como a los 15 años. En clases no le ponía atención al profesor; mientras él exponía (como me sentaba cerca de los últimos puestos), garabateaba en las últimas hojas de los cuadernos. Escribía códigos, jeroglíficos. Mi banda sonora en ese tiempo era el disco rojo de Lucybell (que ahora es la peor banda de este país), y hasta cierto punto era una de mis mayores influencias, además de leer fielmente todos los fines de semana la mítica Zona de Contacto de El Mercurio.

¿Qué diferencia piensas que existe entre un poeta que crece leyendo a Serguei Esenin de uno que se desarrolla junto a una revista como la Zona de Contacto?

La intertextualidad. Imagínate que en ese tiempo pasaba algo tremendo: ¡no existía Facebook ni Twitter!. La Zona era EL magazine; aunque no comulgaba con sus columnistas (como López o Fuguet), existía una complicidad super fuerte con los lectores. Ahora no tengo tiempo para entretenerme en ese tipo de cosas, basta con prender la TV y te das cuenta que Chile necesita un Superhéroe Sudamericano.

¿Cómo relacionas al Superhéroe caótico de tu libro, tomado de la serie de Smallville, con el anhelo de Salvación del hombre como criatura caída tal como lo comenta Jonathan Muñoz?

Hay una conexión super directa, no sólo con el Superman de Smallville, sino con toda la mitología de los superhéroes. Le di vueltas al tema después de escribir el libro. Es evidente que existe un anhelo de “redención” en todas las personas, aunque se manifiesta de distintas maneras. Mientras escribía Superhéroe me pasó algo super heavy. Una amiga poeta me pidió que la ayudara, no sé de qué forma, pero quería que algo hiciera por ella, me decía que ya no aguantaba más con el eterno vacío de su corazón. Lo peor es que no pude hacer nada, yo también necesitaba ese vacío, y varios de mis amigos. Y no se trata de ser border o pendejo trancado. Estoy convencido que todos tenemos esa carencia en mayor o menor grado y que buscamos cubrirla de una u otra forma (algunos conscientes y otros no). Por medio de una relación de pareja, del consumismo, el reconocimiento social, etc.

Gonzalo, te conocí en el período en que escribiste "Superhéroe", te veías muy border en ese entonces; y de seguro que eso influyó en el texto que ahora nos presentas. ¿Cuál fue la motivación principal que te llevó al estudio de Teología Presbiteriana, y cómo es posible que subsistas en el medio literario?

Claro. Al par de meses que nos conocimos mi vida llegó al hoyo más profundo que podía estar. Ahí me di cuenta que había estado intentando buscar mi propósito por medio de la poesía, pero finalmente mi vida seguía siendo una mierda. Creo que la respuesta la encontré en la frase de Blaise Pascal: “en el corazón de todo ser humano existe un vacío con la exacta forma de Dios”. Comencé a leer la Biblia pero con otra disposición ¿y sabes? tuve esa sensación de haber encontrado algo que inconscientemente había estado buscando. Al poco tiempo sentí la vocación pastoral.
Es curioso, cuando le cuento a mis amigos poetas, o hablo con gente del medio literario sobre mis estudios de Teología y mi interés por ser pastor, siento un respeto muy profundo por parte de ellos. Es verdad, lo encuentran extraño, medio bizarro, pero les causa interés, incluso varios lo encuentran bacán.

Si es que entiendo bien, tuviste un encuentro cara a cara con Dios, y dime ¿Cómo es él? por otro lado ¿Qué dices cuando la gente piensa que esa historia judío-cristiana, es alguna droga poderosa para consuelo de desesperados o sometimiento de las masas, como algunos intelectuales postulan?

Así es, tuve un encuentro con Dios. No se me apareció en una visión ni me habló como una voz al oído. Él es espíritu, por lo tanto fue una conexión mucho mayor. Es imposible de explicar para los que no lo han vivido. Es una experiencia que te trastorna la vida, te la desarma por completo, pero al mismo tiempo, que le da un rumbo y sentido.


La comparación de Dios como una droga es una caricatura. Yo no lo busqué para que solucionara mi vida, porque simplemente creía que no había absolutamente nada que pudiera arreglarla. ¿Sabes? tengo amigos que eran cocainómanos o que tuvieron un revólver en la cabeza de otro tipo, era cosa de jalar el gatillo y matarlo. Pero llegó un punto, el más extremo, en el que se encontraron tal como yo con este Dios de la biblia, tan manoseado por los ateos y distorsionado por la religión, y sus vidas fueron transformadas radicalmente, cayeron rendidos ante ese hombre que por medio de un amor incomprensiblemente incondicional se dejó torturar y asesinar en lugar de nosotros.

¿Cómo se revela Dios en tu libro "Superhéroe"?

De la primera a la última página. Estoy convencido que se manifiesta en todas las esferas humanas, y las expresiones creativas no son la excepción. Superhéroe se trata de esa carencia que hay en todo hombre, esa búsqueda incesante de un propósito mayor; C.S. Lewis decía que “si encuentro en mí un deseo para el cual ninguna experiencia en este mundo puede satisfacer, la explicación más probable es que fui hecho para otro mundo”.

¿Hacia dónde piensas que se encamina Superhéroe, en el contexto de la literatura nacional, y cómo aprecias el espectro poético actual en Chile?

Leí en un blog donde le dieron una connotación diaspórica, como la provincia instalada en la ciudad. Aunque en Superhéroe sólo hay indicios, recién ahora toma esa dirección, por medio de un nuevo proyecto poético titulado Metrópolis y que espero tener listo a mediados del próximo año. Del actual panorama poético nacional no tengo mucho que decir, algunos intentos relevantes, pero en general nada muy interesante. Lo mejorcito que he visto ha sido un par de libros inéditos de Felipe Ruiz y Tito Manfred.

Si fuera posible que tuvieras una gran cena con ciertos escritores, vivos o muertos (al estilo Woody Allen), y tuvieras la oportunidad de conversar con ellos, ¿quienes serían los escogidos y que les dirías?

Si fuese muerta, Sara Kane; le diría que felicite de mi parte a sus traductores argentinos. Si fuese viva, Gladys González; sólo le preguntaría cómo está.

Concepción es la capital del Rock. Chillán: tierra de héroes y artistas, Santiago: es Chile, ¿qué vendría a ser San Fernando?

San Fernando en algún momento fue la capital de las escrituras suicidas, de esas caminatas nocturnas buscando una botillería abierta, de los cabros fumando yerba los fines de semana en los andenes de la Estación, del calor que no se resiste en el verano. Quizás sigue igual, tengo amigos que lo odian, que no han dejado de arrastrarse como cicatrices por sus calles, pero ahora tengo la esperanza que puede ser redimida.

¿Y quién vendría a ser el redentor, un mesías ciberpunk o algún símil?

El único que puede redimir: Jesús.

Gonzalo, Si tuvieras en tus manos las espada del Augurio de Leon-o, (te recuerdo "que ve más allá de lo evidente"), dónde o en quién concentrarías toda tu visión?

Concentraría mi visión para saber si publicaré un libro que tengo (o parte) en el escritorio de mi netbook (lo escribí en un cuaderno y estoy transcribiéndolo). Es casi angustiante tener el texto terminado y no saber qué hacer con él. En este momento es inpublicable, no sé, quizá de tan sublime que la gente no está preparada para leerlo o es sólo una volada megalómana.

¿Qué película has visto tantas veces que casi sientes que el protagonista te habla y traspasa la pantalla como en "La Rosa púrpura del Cairo"?

El eterno resplandor de una mente sin recuerdos. Asquerosamente buena. También he querido una estadía en la Cínica Lacuna. Ves a Clementine y se viene a la cabeza "sólo por las malditas se da la vida" de Tito Manfred. Por ahí vi una entrevista que le hicieron a Héctor Hernández donde decía que la ternura era política, era un nuevo pacto, y quienes la encuentran patética son muy fascistas.

Superhéroe termina sobre una carretera nocturna, de regreso a San Fernando. El proyecto escritural en el que estás ahora, Metrópolis ¿dónde empieza?

Empieza un fin de semana de Fiestas Patrias, también de noche, pero en Santiago.

¿Existe alguna nueva heroína maldita en Metrópolis como lo fue Abril en Superhéroe?

No, con Superhéroe desapareció; la magia de un personaje con esas características es que ya no se sabe más de él, puede que termine amasando fortuna en una agencia de Ciudad Empresarial o como notera en Zoom Deportivo, qué se yo. Metrópolis en cambio parte en una festividad, es como el guión desechado por Hollywood de una película norteamericana para adolescentes. Si tuviera una heroína seria la chica porrista de la prepa.




Quiero, de Eugenia Toledo-Keyser

(Temuco, 1945)






Quiero la historia de antes
y las incógnitas que me esperan

Capturar el objeto que pasa inadvertido
como soplo de otros tiempos

La espiritualidad de lo mínimo
el valor de lo simple

La levedad de la superficie
las arrugas imperceptibles en el agua

Quiero lo que escondiste
quiero volver a verte

Quiero tu curriculum vitae
quiero lo que me prometiste

Lo que es y aún sigue siendo
lo que aún siendo no es
y aún no siendo
voy a su encuentro.





En Tiempo de metales y volcanes, 2007.





Desde esta casa antigua tan ajena a esas otras, de Rolando Cárdenas

(Punta Arenas, 1933)







En cada cosa inmóvil en la noche
está ese tiempo inmemorial
que me devora como un fruto extraño,
más que un antiguo sueño rezagado en la sangre
en que es difícil distinguir los rostros
y en su anillo difuso nos envuelve,
nos destruye y nos alimenta.

Sin saberlo hemos vivido atentos a ese rumor
del que emergiste extranjera y pensativa,
extendida junto a mí como una gran llanura blanca
de regreso a mi origen meridional y tenso,
recuperado parte de ese espacio desconocido
desde esta casa antigua tan ajena a esas otras,
con mis rasgos heredados que eran al propio tiempo los tuyos,
en que no me sorprendo de tu boca que ahora me llama,
ni de tus manos abiertas,
ni de tu gesto
que no te esconden ni te alejan.

Las palabras fueron hechas para esa lámpara de las sombras
que revelaron tu isla tallada en milenaria cancagua
hasta ser tierra derramada violentamente al sol.

Supe de la primera vez que viste florecer los muermos,
de tus ojos por las olas más altas y sonoras
en su peregrinaje sobre el mar,
del retorno incierto de las embarcaciones del alba
cruzando dulcemente los canales chilotes
y arriba el vuelo amplio de los cheyes.

De tan atrás de esos muros,
como un recuerdo dentro de otro más fecundo,
el arco iris y su curva silenciosa
sobre las islas de las tardes rojas
con ese claro juego de la luz y el agua como único rastro,
el rodar de las piedras por las colinas,
terruños donde los parientes lejanos viven sin prisa, taciturnos,
donde las tempestades armonizan a los hombres.

Esta tierra neutral que nos amarra
nos ha ido transformando lentamente:
tengo un rostro desconocido que no recuerdo,
estás con un pañuelo de aldeana frente al río
riendo fuerte y segura bajo el sol
y no puedo sino pensar en los tuyos o los míos
con negros rebozos entregadas sin fatigas a sus faenas,
estás sin tu infancia
temiendo a los pequeños y rosados gusanos de las siembras.
Soy en cambio,
el que en cada pliegue del día o la noche ve tu rostro,
las sombras reunidas o todos los inviernos
en el centro de esa transparencia,
humedecido corazón
en el que nunca habitaré.

No pesa la noche
convertido en un fantasma más entre estas paredes.
alguien con la certeza de haber respirado tu proximidad
por esa orilla distante donde callas,
casi ausente en la actitud del cielo más profundo,
iluminada nieve cubriendo una tierra obscura.

Absolutos e idénticos después de reconocernos
ante esa puerta que nadie más puede franquear
donde te continúas en otros tantos silencios,
aquel que se devuelve de su sueño
con la ternura con que quiere decir un nombre
es el único que puede dejar en tus manos
"este vaso con agua de la flor del yatui para el olvido".


En Poemas Migratorios, 1974.





Nota del autor: La frase con que finaliza: "este vaso con agua de la flor del yatui para el olvido" está tomada de la novela "El camino de la ballena", de Francisco Coloane. El yatui es una planta usada por los brujos chilotes en sus maleficios, que crece dentro de las calaveras y, al dársela de beber a los vivos, borra de sus mentes todo pensamiento.




Los canelos resplandecían plata, de Adriana Paredes Pinda

(Osorno, 1970)








Los canelos resplandecían plata
que jamás veremos
hablaban
como si el mundo fuese
un puñado de estrellas
en tu boca
aporcando
la siembra.
Ahora el Bío-Bío solloza
en el ciego eltue de mis cántaros
es un niño
buscando
la mollera de su madre
las mieles
de su madre
Genpin
cuál es la distancia entre tu aliento y el mío
en qué
trigal
anudamos
los ojos tardíos a la danza del puma
cándido
Genpin ah Genpin
quién
te reconocerá sino yo.



En Üi, 2005



Fotografía: H. González de Cunco

Deja, de Jeanette Huequeman

(Puerto Montt, 1965)






Deja que las olas bañen tu alma
llevarás el espíritu limpio
al comienzo del camino
llorarás mirando atrás
al amanecer das a conocer
olvidando el tiempo
y la sabiduría perdida
busca con tus sueños
el sendero de brotes nuevos
en la mañana de azul primavera
murmura el viento
grita mi corazón desnudo
al sur se levanta flor de fuego
como respuesta
a nuestro juramento.







En Kümedungun/Kümewirin, 2010.





A Teófilo Cid, de Eduardo Fonseca

(Temuco, 1962)








Yo te conozco,
te he visto caminar
sobre aguas oscuras
"con un vino amargo"
en el cuerpo,
llorando dolor
y sangre muerta.
Te he visto venir
de lejos
con toda la lluvia
a cuestas,
débil como una hoja,
marchito y solo
como tu sombra.



En Poesía, 1990.



Fotografía: Jorge Uzon





California* blues I, de Queño Binimelis

(Tomé, 1955)




La vida me agrede, basta con que desee algo
para que ella me lo niegue.
Del film Betty Blue, 47º matin


Prólogo
California está de espaldas al mar.

1.
California mira sus antepasados y mide sus sueños
desde la misma marquesa de una plaza
regalo de los gringos allá por 1800 y tantos cuando el trigo
llegaba en carretas hasta los barcos.

2.
California está de espaldas a todo centro comercial,
alejado de las luces de la plaza, sin siquiera las ruinas
de un molino que otrora fuera su sistema nervioso central.

3.
California niega su ancestro marítimo
cobijándose en el recuerdo de la dignidad de sus gentes
que miran tristes cómo va de sucio el Estero Collén.



-¿Qué harás, Johnny?
- Viviré día por día
Del film Rambo II

4.

California no quiere olvidar quien fue
pero sus viejos habitantes se mueren sin pena ni gloria.

5.
California, el barrial del barrio, con antepasados de antología,
de anécdotas, de patos malos, donde matan de día
(el Matadero Municipal) y siguen matando
la cara sucia y triste de su gente.

6.
California, al suburbio más antiguo de Tomé,
le sacaron la madre, las muelas, lo dejaron en pelotas,
y yace de espaldas al cielo en su única calle
que hoy niega llegar al mar.



El mundo es una cantina
tan grande como el dolor
Del folklore mexicano

7.
California también ha tomado sus tragos amargos
pero inexorablemente debió tomar Coca-Cola
para tomar la chispa de la vida que le falta.

8.
California no tiene discotheques, no tiene supermercados,
no video-games, no fast food, pero tiene
jóvenes, locos, borrachos, una industria fétida,
una calle, perros, gatos, niños, sol y una esperanza.



Epílogo


Como siempre la calle, el barro del barrio, el lugar
de juego obligado, su paisaje, su gente, permanecen
mudos, esperando.





En 1999, Concepción (Antología).



_____________________________________________________
* California: Barrio de Tomé resultante de la elaboración de la harina de trigo que era exportada a Estados Unidos a fines del siglo pasado, en cuyos sacos y en grandes caracteres se leía CALIFORNIA, sin precisar si este nombre aludía al lugar de origen o destino, por lo que se dio en llamar California al lugar donde se envasaba la harina.

Transitorios, de Alejandra Ziebrecht

(Concepción, 1959)







Este adiós presagiable
vivido tantas veces
como si lo ensayáramos.
Este adiós dialogado
Este adiós con altura de mira
sin cuchillos
ni enfrentamientos.
Esta despedida cliché
"ojalá te vaya regio".
Este homicidio frustrado
(con armas bajo la mesa)
duele igual que el otro
donde hay muertos y sirenas.
Y quedan unos pocos
para contar la historia
y hacen animitas a los amantes
y les prenden velas
las abandonadas
Así dicho
me da tristeza
lo cotidiano
lo coherente
de este adiós en cortometraje
y sin censura.




En Enrompecaída, 1995

Pa' la Negra, de Marcelo Paredes

(Puerto Montt, 1966)







Pequeño amor, si alguna vez
te muerde la serpiente del olvido,
no me cambies por un peluquero gay
ni un futbolista de segunda división
ni por un contador, ni un milico
o un diputado,
no me cambies, pequeño amor
por algún tipo oscuro, como un pastor
evangélico, un locutor de radio
o un panteonero.
No soportaría verte en la cama
con un animador de boite
o un juez de policía local:
sólo cámbiame por alguien
que te escriba mejores poemas de amor.







En http://www.poeticas.com.ar/Antologias/Poesia_joven_chilena/frame.html



Patria, de Ángel Valdebenito

(Freire, 1978)







Patria mía dilecta y bien montada,
yo soy ese utilero que durmió en tus pastos,
ardiente el corazón.

Uno que usó tu uniforme en paz
y lo devolvió a las bodegas como si nada.
En todo caso verás dilecta patria mía que no he sido
de esos otros, yo no he sido un cero a la izquierda,
un malhablado vendedor de tus terrenos.

Tú y yo
compartimos esta fascinación por las escenas campestres
que aplaudimos con algarabía;
orgullo de pertenecer al kilómetro 15, al 100
o al 727.

Antes merodeaba los sembrados en dirección a otras barracas,
vivir sentado, si pudiera vivir sentado;
he ahí el gran proyecto de un hombre,
pero esa suerte de artificio ya no es mi parte de tierra,
mi lugar en esta casa.
Recuerda el sueño reclutón de aplanar casuchas,
en vano esperarías de mi cuerpo un gesto más que este
                                    /voltearse solo,
a un grito, a un solo grito de distancia de la realidad.









En Sur Itinerante, 2009.







Fotografía: Giuliano Zoffoli




Voces arrastradas por el viento, de Nelson Torres

(Castro, 1957)









Aquí el amigo tiene la virtud de desaparecer.
Dice que viene de una generación de gente así.
Va de tumbo en tumbo,
toca puertas,
cae,
grita, se levanta
(tiene, sin embargo, una paciencia más fuerte que la raíz de un roble).

La invisibilidad le vino a cuajarones,
con súbita violencia,
a mansalva.





En Libro de los desaparecidos (inédito)






Fotografía: Susan Burnstine