FRONTERA SUR

La mujer del César, de Elizabeth Acuña

(Chillán, 1946)







La mujer del César usa las uñas cortas
no se pinta los labios, habla despacito
y en los salones tiene cuidado de sentarse
con las piernas juntas.

La mujer del César obedece mansamente
porque la paz del mundo
depende de su boca.

La mujer del César escribe cartas
que no envía a nadie
porque no es propio de ella,
contar a otros, que en sus rezos olvida
algunos mandamientos.

La mujer del César se confiesa los domingos
porque durante la semana,
en secreto,
ofrece manzanas al prójimo.

La mujer del César no mira el trigal ajeno
ni se envanece en los espejos.
Ella cultiva amapolas encendidas
en un jardín oculto donde no es necesario
sentarse con las piernas juntas.




4 comentarios:

Andrea dijo...

Hermoso, gracias por tu poesía...

Viviana Geeregat dijo...

Buena la Elizabeth!


Saludos por Tomé, Andreita

:)

Miguel Eduardo Bórquez dijo...

Excelente poesía por estos lares, como de costumbre.

Me gusta.

Gracias Viviana por pasar por mi espacio -siempre en vías de sureña destrucción- y darte el tiempo de leer mis modestos garabatos en forma de poema.

Te devuelvo el abrazo, con un rumor de hielos.

Viktor Gómez dijo...

Llego a es este blog desde el de Pedro Montealegre y me parece excelente lugar de reunión de poesía sureña.

La mujer del César, tan cercana
y sofisticada, tan sencilla y distante, me toca el hombro y
pide escucha. Levemente. Leve.

Lo iré siguiendo,

Un abrazo grande

Víktor