Déjame lavar tus calzoncillos vida mía el que usas y no usas a veces, el que heredaste de tu padre de tu abuelo y de tu hermano. Dámelo para lavar con mis manos la savia de la uva maldiciente, que se escurre centrifugando por entre, sobre, abajo y desde tus poros violentos. Déjame lavar la vida, mi estúpida locura, que a veces me integra a ti. Mi locura fehaciente. Mi locura abyecta. Mi demencia paradójica entre lo paradójico de tu esencia de ese, tu calzoncillo. Quiero limpiar tu calzoncillo de tu inmundicia machista pura, brutal, limpia, pulcra, refinada, bestial, represiva. Lavar el instinto inventado de tu mito de macho- sexo fuerte, por quinientos años, ahora agria y marcadamente, por esas letras decadente! Dame tu calzoncillo, para lavar tu hombría, animal, que lo pudre. Lo secaré, lo izaré y será la bandera del poeta exiguo, que no tiene nombre, y que en mi nombre lo escupiré. Quiero lavar tu calzoncillo y el calzoncillo de cualquier hombre que quiera dejar de reírse, ridiculizar satirizar, escupir, aplastar, maltratar, la existencia ser-feminil. Quiero lavar el calzoncillo de mi amigo hombre: drogadicto, borracho, diputado, marxista, católico, modelo, guerrillero, cantante de rock & roll, y lavar con mis manos, las neuronas de su cerebro que guardan proyecciones tradicionales y creaciones de cambios. Y el tuyo Nicolás, porque te robé el poema, y porque me hastiaste con tus letras de burdel, déjame lavar tu calzoncillo VIDA MIDA, jamás permitiré que lo usen en un spot publicitario.