FRONTERA SUR

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Deja, de Jeanette Huequeman

(Puerto Montt, 1965)






Deja que las olas bañen tu alma
llevarás el espíritu limpio
al comienzo del camino
llorarás mirando atrás
al amanecer das a conocer
olvidando el tiempo
y la sabiduría perdida
busca con tus sueños
el sendero de brotes nuevos
en la mañana de azul primavera
murmura el viento
grita mi corazón desnudo
al sur se levanta flor de fuego
como respuesta
a nuestro juramento.







En Kümedungun/Kümewirin, 2010.





Pa' la Negra, de Marcelo Paredes

(Puerto Montt, 1966)







Pequeño amor, si alguna vez
te muerde la serpiente del olvido,
no me cambies por un peluquero gay
ni un futbolista de segunda división
ni por un contador, ni un milico
o un diputado,
no me cambies, pequeño amor
por algún tipo oscuro, como un pastor
evangélico, un locutor de radio
o un panteonero.
No soportaría verte en la cama
con un animador de boite
o un juez de policía local:
sólo cámbiame por alguien
que te escriba mejores poemas de amor.







En http://www.poeticas.com.ar/Antologias/Poesia_joven_chilena/frame.html



Aquellos hombres, de Heddy Navarro

(Puerto Montt, 1944)







Acerca del hombre que olvida
las nalgas desnudas de su mujer
y cubre su cuerpo con pijama
de franela.

Acerca de aquel hombre que recibe
su cuota de amor
en la ventanilla de las noches
como indiferente y cabizbajo
cobra su cheque miserable
un jubilado

Acerca de aquellos
millones de sonámbulos
que dormitan el siglo
pegadas sus orejas
a grillos electrónicos

Acerca de aquellos
que son vencidos por una mirada
la abulia
el cansancio
la noche
            el espacio
Acerca de aquellos hombres
nunca quisiera escribir
            un poema.







En Palabra de Mujer, 1984.




Fotografía: Richard Kalvar

Había una vez, de Óscar Petrel

(Puerto Montt, 1981)









Cenicienta
a mi parecer
el príncipe azul de estos días
lleva puesto unos zapatos gastados
usa una chaqueta normal
y suele mojarse cuando llueve.
Cenicienta, los príncipes se mojan.
El príncipe azul
a veces se siente solo,
no siempre piensa en ti.
Toma la micro a casa.
En algunas noches
se emborracha con otros príncipes.
Cenicienta, los príncipes toman vino.
Cenicienta,
tu príncipe azul
evita las peleas
quizás no realizó el servicio militar.
A mi parecer
no sabe andar a caballo.
Cenicienta, es un príncipe azul sin caballo.
No ha matado ningún dragón
y vive en una casa humilde.
Suele faltarle un poco de dinero…
Cenicienta, tu príncipe azul no es
millonario.
Va a fiestas
donde se conversa mucho,
espera el amanecer
besando a otras princesas.
Cenicienta, no serás la primera.
No llores,
tu príncipe azul quizás escribe,
gusta de la música, sueña, fuma,
pero sobre todo
planea tu rescate.
Pero ten en cuenta,
Cenicienta,
que tu príncipe azul
en realidad es de otro color.
Un día vendrá
y te invitará a lo real,
verás que se equivoca
que tiene penas
a la medida de tus brazos.
Un día Cenicienta, un día,
no sé si seas capaz princesa
si seas capaz de salir de tu castillo.






En http://lilpu.blogspot.com/





Fotografía: Yamasaki Ko-Ji




Ofrenda, de Heddy Navarro

(Puerto Montt, 1944)







Nunca dejé una flor blanca en el altar del sol
de Macchu- Picchu

Jamás lancé el aroma de sus pétalos al pozo sagrado
de Chichén-Itzá
Tampoco escalé el rehue para ofrendar copihues
                        blancos

a Ngenechen

No me cogió un mozo gallardo por esposa
no desfloró mi piel su tacya
para que floreciera mi maíz

Más bien
sólo llevaron mis manos
papas entierradas
maquis oscuros como el silencio
Más bien
sólo lancé polluelos y huevos azules
como la gallina
que corretea asustada
detrás de la ruca del hombre.







En Palabra de mujer, 1984







Me ausento esta mañana de mis dedos, de Manuel Moraga

(Puerto Montt, 1969)









Me ausento esta mañana de mis dedos
que un día de diciembre
mordieron tu esqueleto de mentiras
me ausento de los caminos cansados
que cargo entre mis venas
de las 15 lunas
que te hice tragar en un suspiro
me ausento de estos judas
que amé como a mi perro
de los besos de este principito
otro apóstol que hizo misa en este santuario
me ausento y abandono mi ausencia
en el recodo más transitado de los demonios
para que así fabriquen su coraza
con una mejor costura
me ausento de los ojos de una amiga
cual gotera huyendo del sol
me ausento de la tierra, los bares, las orgías
me ausento.







En Desmadrada, 2007







Fotografía: Rafael Arenas




Reconstrucción, de Raúl Barrientos

(Puerto Montt, 1942)







Desmantelamos el edificio; desmontamos bisagra por bisagra sus

puertas y pieza por pieza y sus ventanas,
foto por diario los títulos bajo el linóleo y bala por tabla las vidas de la
guerra.

Fuimos cuidadosos: las figuraciones tocaban el cambio de piel y la
piedra de molino que taladramos;
el agua cayó en sus redes y no volverá; en el álbum, mis notas de alambre veloz y la duda,
esa lumbre del arco iris desde la cabeza a los pies y de los pies al piso,
quizás el piano;
seguro Tiresias ladró a las más ocuras golondrinas del pecho, los grafitos
de odio, los tigres de papel:
su lectura molía y soplaba el polvo del vidrio que dio, estará dando, al
parque;

cascos ligeros contra el tinglado, contra las paredes un timbre, voces
del intercom.



-Por ahora crujen las maderas, señal de que soñamos.

-Avanzamos y dormimos, mi Carmen, con araucarias perdidas.
Casa de los jadeos, sus mariposas, las virutas; puerta gris y ventana
ciega bajo la noche.
- Si cantara l'alondra que te dije.
-Este jueves envejeció hace mucho en su trama.
-Su propia trampa de vigas olorosas, mi llave. Estírate.

Amanece. Me gano la vida con el rodillo. Sobre la pintura fresca, toco

los cantos con un pincel:
"Calandria, pájaro de pluma gris y carne fina. Ésa no sube a los árboles,
nunca".


En Llaves de neón, 1998




Fotografía: Paul Fusco

La Putaciencia, de Persus Nibaes

(Puerto Montt, 1977)









Me gustaría ser más inteligente y no hablar tanta cagá en clases y tocar la guitarra como May y subirme a las cuerdas del cielo para volver atrás y no haber fumado tanta mota q me queme los pulmones y terminar mi novela Chiloé de niños q vivieron queriendo ser más inteligentes y terminaron como profesores de historia gordos y desafinados y quisiera hacer una melodía con el sonido de tu boca y una ópera con el sonido de tu corazón al despertar y pensar q no fui a la escuela a perder el tiempo como creo porq no me vale de nada la publicación en el colegio lo que me vale es haber ido a la luna y gritar desde ahí que yo te amo mas no fui ni a la esquina y no grité tu nombre y tal como hace 15 años repito que no es más valiente el hombre q mata a otro ni es más cobarde el hombre enamorado sino aquél que no se atrevió a decir lo que sentía a una niña q se transformó en una mujer enferma y triste y bueno quien no si él no le dijo nada y no me vale saber nada de historia porq la historia no vale sino q vale el dinero y el oro y los bancos y la plata y no vale nada más q los placeres porq no saco nada de saber lo que pasó y está escrito si no sé lo que pasa y ocurre en mi planeta q se vuelve loco cuando está cerca tuyo y se le ponen lo nervios de punta cuando me miras y te miro y no puedo negar que te comería a besos la mirada y soñar q fuimos juntos al bosque de alerces milenarios sumergidos pero q estaba lleno de pudúes y monitos del monte no quemados como todos los bosques de alerce que quemaron importantes colonos alemanes cuando llegaron al Chaurakawuin y Melipulli y te digo no soy hermano ni hijo ni esposo y no me comprometo con la historia de nadie y no creo y no lloro y te dije hace mucho años que no amo porq no creo en esta maldición ni en Narnia ni en Gaia ni en la putaciencia y menos voy a creer en la Blavatsky y sus discípulos así que yo me voy con cualquiera a la cama porque para eso nací para follar por la tristeza de no ser más inteligente me gana la mano el día que me dijeron que Chile era un país porque de niño sabía q no lo era más q una playa y una cordillera y un montón de tontos q respiran humo y se creen mejor q los peruanos y más q los bolivianos porq tienen mar y en Bolivia celebran el día del mar y no saben q los chilenos tiran al mar la basura de sus calles y de niño prometí nunca más me iba a bañar en Pelluco porque habían gollos flotando y no quiero comer caca como en la película de Pasolini quiero comer manzanas como en el disco de González y fornicar y fornicar y no sentirme triste a tu llamado sino cantar y cantar q al maestro Segovia lo llevaban a Alemania y aquí ja aquí se reían de su pantalón y ser más inteligente como digo y más inteligencia emocional y cantar una melodía a dueto sin la muerte con la Caballé sin desprecio sin maldad sólo por el eterno gusto de cantar






En Perromuerto






Fotografía: Alex García Ruiz





A través de la mitad de nuestras tierras, de Juan Carlos Villavicencio

(Puerto Montt, 1976)







Ibant obscuri sola sub nocte per umbram
Virgilio



Aún despiertan de las velas i el retorno a aquella isla. Nadie esperó tejiendo historias ni recuerdos. Todo asedio antiguo fue olvidado. Atrás las ruinas i las muertes de otras horas: ya ajenos quedan restos de ciudades que no fueron más que un nuevo apronte. Hay un faro para éstos que cansados vienen a encontrarse en el delirio de colores que se abren desde el cielo, i suave llueve el viento Sur sobre el templo de su piel ahora en las caricias i el arribo al descanso de todos sus designios.











En http://descontexto.blogspot.com





La amante, de Elsa Pérez

(Puerto Montt, s/a ref. )







Cuando dejes de venir a emborracharte con mis lunas
y apagues el sol que di a luz entre tus piernas
me sentaré sobre un cráter rosado
a pintarle ojos a las flores.


Es invierno y vuelo boca abajo por tus pliegues
dibujando anclas en tu río se me cae el rostro
tus dedos son como una emboscada de cruces
todo es frágil y enloquecedor en este viaje
sabiendo que tu cuerpo esconde
un huracán de molinos.


Mi cabeza da vueltas y vueltas
a galope tendido la piel me perforas
como un mapa en el agua
sumergida me veo en el océano de tus estrellas
mientras naufrago en tu piel
sin querer encontrar la orilla.








En Voces del Chamamé, poesía, 2003




Poema IX, de Heddy Navarro

(Puerto Montt, 1944)







Hombre roble sumergido
por tus extremidades subo
escalando riscos
Amplio eres y angosto
un barco donde me mezo
pero revienta la ola y te astillas
Crujes
penetra el agua
Busco pañuelos y sostenes
tapo agujeros en vano
Estamos solos en medio del naufragio


Beso tu proa
hasta el último mástil
El océano entero
penetra por mi boca











En Oda al macho, 1987









El borracho de la esquina, de Oscar Petrel

(Puerto Montt, 1981)











El borracho de la esquina
me amenazó con su cuchillo,
sólo por andar sobrio
este sábado por la mañana.


El borracho de la esquina
con su ropa mojada
y su botella en la mano
se refriega el rostro
para espantar las nubes alcohólicas
de sus ojos quebrantados.


Y cantó una canción como un bolero
con su voz gastada y enredada
y se quedó mirando la calle
como si esta fuese un río.


El borracho de la esquina
finalmente me clavó su cuchillo
me hizo un tajo
donde salen palabras,
ahora hablo
con su voz desde la esquina.






Álamos en el callejón, de José Contreras

(Misquihué, Pto.Montt- 1962)






hablo de aquella redonda mujer
que morena nos miraba desde el vino tinto


hablo de lejanas canciones traídas por el viento,
una jota cordobesa que escuchamos en los cerros de Coyhaique


hablo de mi padre cantando
“labios de miel que besaron tus labios”


de tarros, guitarras y acordeones
tirándose como el agua
hasta tocar los árboles del amanecer


hablo de la memoria ardiendo
en los álamos del callejón.







En Chilpén, 2002



Puerto Montt está temblando, de Violeta Parra

(San Carlos, 1917 - Santiago, 1967)








Puerto Montt está temblando
con un encono profundo
es un acabo de mundo
lo que yo estoy presenciando
a Dios le voy preguntando
con voz que es como un bramido
por qué mandó este castigo
responde con elocuencia
se me acabó la paciencia
y hay que limpiar este trigo.
Se me borró el pensamiento
mis ojos no son los míos
puedo perder el sentío
de un momento a otro momento
mi confusión va en aumento
soy una pobre alma en pena
ni la más pura cadena
me hubiera afligido tanto
ni el mayor de los espantos
congela así las venas.
Estaba en el dormitorio
de un alto segundo piso
cuando principia el granizo
de aquel feroz purgatorio
espejos y lavatorios
descienden por las paredes.



Señor, acaso no puedes
calmarte por un segundo
y me responde iracundo:
pa’l tiburón son las redes.
La mar está enfurecida
la tierra está temblorosa
qué vida tan rencorosa
lo trajo la atardecida
con una angustia crecida
le estoy pidiendo al Señor
que detenga su rencor
tan sólo por un minuto
es un peligro este luto
p’al alma y el corazón.












En el disco Toda Violeta Parra, 1960.




A la tierra, de Jessica Droppelmann

(Puerto Montt, 1979)






Me queda el sentimiento de ceniza
los bosques que no arrullaron a las fértiles
una posibilidad guardada en la yema de los
dedos y sus contornos.

La canción que no aprendía a agudizar en el
beso
espiado por la garganta y por un susurro de
abejas.

Las manos que no aprendieron a ser bochorno
y se quedaron en la orilla, ancladas como apego
de gata.

Tú siempre serás más princesa que yo
aunque trate de acarrear tus rezos o sobrevivir
del estado fecundo.

Caeré aturdida de la voz y no serás diferente
caeré arreglándome entre las cenizas
oliéndote el rastro y fingido esclavitud sobre
las huellas de cadenas.

Los carceleros siempre serán parte de las
mismas pesadillas.





En Línea gruesa. Reunión de súrdicos poetas jóvenes chilenos, 2000



Como una teleserie, de Manuel Moraga

(Puerto Montt, 1969)






Remo tus ojos
cuando las luciérnagas lloran
la luna esta noche
quiso transformar tu mirada
ahora debo ser Sherezade
para entender como asusta
tu respiración por mis brazos.
que me me perdone el evangelio
según san Mateo
pero no me atreveré a persignarme
cuando lengüetee tus botones.

En las señales de humo que te envío
sangro tu nombre
y no me detengo a pedirme clemencia,
pero si las partes de mi cuerpo
fueran enumeradas
armarías el miedo
de tu respiración por mis brazos
porque en este tango
alguien tiene que hacerlo.

Esta noche dormiré en las funerarias
ahí no habita el miedo
de tu respiración
en silencio
me convenzo de que tus pies
no pertenecen a mi boca.

Cuando aparezcas
no caminaré tus ojos
que fabriqué con mi insomnio
solo esconderé en los rincones
el miedo de tu respiración por mis brazos
en dos copas de vino
invocaré a Li Po
para dormir bajo un árbol
aunque la luna no exista.
estar aquí
sentado en las cuatro estaciones
cual Penélope la loca,
la enamorada la idiota,
destejiendo los recuerdos
que parecían imbatibles.
estar aquí
masticando el miedo
de tu respiración por mis brazos
en medio de grillos asustados
cantando tu mejor despedida.









En Línea Gruesa. Reunión de súrdicos poetas jóvenes chilenos, 2000.




Yo soy, de María Olga Mansilla

(Puerto Montt, s/a.ref )






Yo soy la que camina y no camina,
nube y relámpago en letras campesinas
con el viento y con historia, lujosa
por su polvo y la luz de la playa;
ribera en lontananza apretujada,
palabra y corazón abierto en sus leyendas.
Soy ébano y marfil, laguna y césped,
vértigo en el tamiz de noches pálidas;
sonámbula visión de roca en roca.
Yo soy la voz extraña, mensajera,
pensamiento inconcluso cada tarde,
candil en el estuario de mis cuitas.
Yo soy un vendaval que no estremece
la siembra de cristal de mis impulsos
vestidos con un tul de luces raras.
El viento hace crujir mis ilusiones
con el pulso ondulante de las nieves
que encierran el gemir de mis pasiones.
De ardiente porvenir mi tierra yerma
se abate en el olimpo de mis ruegos
al conjuro de lágrimas y orgullo.
En cadena de circes emiten resplandores
las promesas del día que termina
con el lente gorjeo de mi sangre.




En El altar de mi alma, 1994


Fotografía: Huipil de tapar, Mariana Yampolsky