FRONTERA SUR

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Fantasmas de humo, de Rodrigo Urzúa

(Punta Arenas, 1984)







No me extrañarás nunca.
El frío ha de borrar mis poses de ciego,
mis cartas al vacío,
mis celos de niño pobre, jugando con tus silencios.
Mis imágenes, regaladas frente a cientos de besos,
se irán como los días tranquilos,
como la paz en el césped de tu casa,
vieja, oxidada entre las ausencias.
Y luego, llegará el olvido.
Mis ojos ansiosos penetrando los rostros de tu rostro,
mis manos recorriendo las bondades de tus vuelos,
volando entre sábanas, como coloreando el vacío,
llenos de brumas y esperando el viento.
El viento de las sombras, de la nieve.
Entonces te habrás olvidado.

Te olvidarás pronto de mis ruegos de condenado,
de mis intentos de hermosear lo inútil,
sólo por un beso de bocas abiertas, esperando crucificar nuevas lenguas.
Te olvidarás de mi impaciencia,
hurgada por conversaciones vanas, por demostraciones de saber.
Te olvidarás de mi olor a niño viejo,
te olvidarás de mis manos tiesas,
crispadas dentro de la belleza de una luna entre mis dedos.
Te olvidarás del sabor de mis labios cansados y de mis lágrimas,
de mi ausencia de mundo, de mi salud perfecta.

Y cuando eso pase, amor,
yo seré un nuevo condenado,
destinado a las muertes fáciles del olvido.
No despertaré jamás con tal de saludar tus cavernas cada mañana,
esperando renacer en la memoria
del rincón cerrado de tus besos.




En http://lavquen.tripod.com



Fotografía: Rong Rong, 19
94

Darte un beso acostado, de Segundo Antares

(Río Negro, 1981)






Ha costado darte un beso...


Jugar a entreTenerte
y no tenerte,
sin saber si gano
o si pierdo al jugar.

Intentar tocar con mi mirada desnuda
el contorno desnudo
de tu mirada desnuda,
sin saber si gano
o si pierdo al intentarlo.

Quiero intentar el juego
de querer intentar jugar...


Ha costado besarte...


Ha costado tocarte...

Ha costado tenerte...

Acostado soñarte.







En Fragmentarios Complementales, 2007.

Había una vez, de Óscar Petrel

(Puerto Montt, 1981)









Cenicienta
a mi parecer
el príncipe azul de estos días
lleva puesto unos zapatos gastados
usa una chaqueta normal
y suele mojarse cuando llueve.
Cenicienta, los príncipes se mojan.
El príncipe azul
a veces se siente solo,
no siempre piensa en ti.
Toma la micro a casa.
En algunas noches
se emborracha con otros príncipes.
Cenicienta, los príncipes toman vino.
Cenicienta,
tu príncipe azul
evita las peleas
quizás no realizó el servicio militar.
A mi parecer
no sabe andar a caballo.
Cenicienta, es un príncipe azul sin caballo.
No ha matado ningún dragón
y vive en una casa humilde.
Suele faltarle un poco de dinero…
Cenicienta, tu príncipe azul no es
millonario.
Va a fiestas
donde se conversa mucho,
espera el amanecer
besando a otras princesas.
Cenicienta, no serás la primera.
No llores,
tu príncipe azul quizás escribe,
gusta de la música, sueña, fuma,
pero sobre todo
planea tu rescate.
Pero ten en cuenta,
Cenicienta,
que tu príncipe azul
en realidad es de otro color.
Un día vendrá
y te invitará a lo real,
verás que se equivoca
que tiene penas
a la medida de tus brazos.
Un día Cenicienta, un día,
no sé si seas capaz princesa
si seas capaz de salir de tu castillo.






En http://lilpu.blogspot.com/





Fotografía: Yamasaki Ko-Ji




Una nueva desesperanza, de Miguel Bórquez

(Punta Arenas, 1985)








remotas son las esperanzas hoy
justamente hoy
se tuerce más el árbol de ciruelas
choca el viento
con las manchas de suicidio permanentes en la acera
los alambres de púa se extienden hasta el horizonte
al igual que las minas antipersonales
los walkman destripados
los conejos desarmados
los submarinos amarillos voladores
se tuerce más el árbol de ciruelas
la vida no es eterna
el dolor a veces sí
o las distancias se miden en lágrimas de azufre
en menstruaciones masculinas de cloro
se preña el tiempo de fotografías a medio desteñir
una mariposa muere aplastada por un iceberg
el penúltimo arco iris de la noche
miente cuando canta
las más remotas esperanzas de verdor
se diluyen con el vino
ni tú ni yo observamos las creaciones que vomitan por ahí
se tuerce más el árbol de ciruelas
la vaca madre es fulminada por un rayo láser
una canción de cuna, epiléptica
sustituye a dios cualquier noche
mientras más remotas las esperanzas
más desgraciadas las caricias que nos damos bajo la mesa
más macabras las excitaciones
de peceras solas
de lámparas fosforecentes en lugar de ojos mudos
se tuerce más el árbol de ciruelas
y más se inexiste el camino para retornar a casa
y volver a tocar
la vieja foto el abuelo
o las flores de plástico que se derriten en la chimenea.





2008





Shannon Hoon, de Reinaldo Nova

(Tomé, 1980)









Cuando quieres ser visto, ahí estás

En demasiada exhibición del exceso
Sobre todo al beber vino hippie
Caminando en el desierto,
Con la acústica a cuestas.
La actitud pasiva de una dulce voz,
En el Woodstock 94.
Hurtando melodías al folk,
Descubriste el final de un día desierto.
Electrizado sin mirar el espejo,
Viste un espejismo de espasmos.
Caminando al final de las primaveras,
Te hicieron ver mal diciendo.
¡No llores esta noche!
Cuando la tristeza es perpetua.
Absolutamente alterado por el exceso,
La alta complejidad al apostar todo,
¡Cuando no era necesario!
Dejaste al rock manifestar su arte,
Que no era el paradigma del momento.
Motivado por la fama de estar con el mejor equipo,
Sacando el máximo provecho a la imagen en MTV,
Hasta que aparecieron esos delincuentes,
Cuando se acercaba el invierno.












En Fosacomún, 2009







Busco en la oscuridad, de Andrea González

(Tomé, 1983)






Busco en la oscuridad un par de ojos que me sigan,
que no me dejen tan sola.
Busco en la oscuridad alguna señal
que no dure mucho tiempo en esta inmensidad.
Siento tristeza del alerce cortado,
siento nostalgia de sus ramas desparramadas en el pasto.
Cómo fotografiar y hacer real el durazno bañado
                                    /de rocío,


de gotas de lluvia que parecen brillar,
que parecen luces navideñas en invierno.
Cómo aprovecho este silencio, esta soledad,
de dónde saco fuerzas.
Se abre la puerta y deja el frío en el ambiente,
deja el barro en la madera amontonada en el espacio
                                     /de la leña.


Entra la puerta en la ventana


y se hacen pinos, se hacen días, se hace luz.












En Fosa Común, Taller Literario, 2009







Patagonia en el frío que duele, de Ivonne Coñuecar

(Coyhaique, 1980)




Patagonia en el frío que duele
abre su boca el viento y ruge
tiembla en la madera la memoria
silbidos en la chimenea
la noche azul tirita en los labios
que no me abren su escarcha
agujas en el viento blanco/ Coyhaique silencio
la anacrónica razón de luto sin testigos
tempestades apagan mis velas/ arrastran el polvo de las tumbas
silban en las grietas de mi piel
se calman en mi cansancio catártico/ antártico
Trapananda
sílbame otra vez las grietas de mis tierras
arráncame estas raíces que traigo/ esta raíz tan grande
que palpita en la cobardía de mi sordera predilecta.






En Catabática, 2008




El llamado, de Néstor Pablo Espinoza

(Corrientes, Argentina - 1984)







El espejo sobre el suelo,
entre muebles en declive,
como un rostro macilento
su reflejo hacia la luna.

La noche parecía muerta,
sumisa, desamparada.

Al borde del lecho, solo,
él, su piel y su mirada,
su hiel escurriéndose
por laberintos oscuros.
La soledad como el tiempo
petrificaba sus sienes
y filtrándose el rocío entre
sus ojos cual lágrimas.
El espejo cobra vida.
Sumergido está el cuarto
en un gran espasmo diáfano.
Él, mudo y asombrado.
Aparentando un abismo
el circular tapiz en penumbras,
cueva perpetua de ecos.

Una mirada muerta.
El reflejo en el espejo.
Nómbranlo labios resecos.
Su voz trepa en las paredes.
¡Se lo ve como en un sueño!
El reflejo en espejo.
Cada vez más clara fluye,
paso a paso, una historia.
Él, tácito y preso
de un enjambre de espantos.
Los pasos del terror llevan
su alma hacia la nada,
sucesiva e inobjetablemente,
obedeciendo una orden.

Paso a paso, algo se extingue
como desnudando lento
el viento algún paisaje
recóndito y abrumado.
¡Nómbranlo labios resecos!
Del otro lado quedó el tiempo,
del otro lado del espejo.




Octubre, 1999




III, de Gerson Carrera

( Tomé, 1984 )





mi diálogo es el diálogo de nadie sobre un mar de epitafios
carcomido por el viento
en las cruces destas calles yo, Teseo, niño sin padre,
niño sin madre,
inscribo esta historia sedienta en la Virgen de
cuatro esquinas
inscribo la historia el habla de los tiempos sin un hombre
el teatro del discurso
navego por el río de los nombres y me llamo Teseo
y me llamo Icaro
y me llamo Ulises
y me llamo Aullido
y me llamo como Dios
y me llaman como a un muerto
y los cantos no han cambiado
los diálogos soportan la hechura sobre el mundo
la hechura de un soplo en la hoja
nadie dijo que iba a ser así
nadie nos dijo que el diálogo es el espejo
y la cruz un problema de lugar.





Imagen: Dead Man, J. Jarmusch


Jaco Pastorius, de Reinaldo Nova

(Tomé, 1980)






Para trascender basta sólo un momento,
aunque los caprichos del éxito pueden llevar a la muerte,
cuando existe todo o nada,
los límites de la bipolaridad,
no se comparan a los peligros de la 54 street.
Con la música pegada en los nervios,
golpeabas rudamente el bajo
o acariciabas las melodías,
con tus vecinos oyendo Funkees,
traficando drogas y chicas.
Apostaste el Fender por un disco y algunos dólares
en un partido de basket.
Llevabas el secreto del África,
protegido entre pandilleros y maleantes.
Ningún intruso se atrevía a hacer ruido,
sólo las patrullas y ambulancias o la tormenta.
Ojalá el Santana no te hubiese corrido a patadas,
cuando ya tenías apuestas por pagar,
mientras confundías el aquamarine con la brisa.
Repentinamente nos dejaste por las estrellas,
que un artista marcial esculpió un 2 de abril
entre las luces de los bares y las sirenas.




Williwaw, de Viviana Geeregat

(Gorbea, 1983)





a C. A..
en todas mis fronteras

Ni tú
Ni tus heterónimos
Ni tu lengua suelta
sometida a la humedad

Son los cincuenta furiosos
que incendian los mares australes,
un código fúnebre en los labios de la última selknam

Es esta inclinación por la ruta rebelde,
por la carta sin rumbo
por tus cuatro flores
disparando en mis infinitos puntos cardinales

Son los sesenta aulladores
corrompidos de naufragios y soledades
Doce juramentos olvidados al fondo del mar

Apuesto entonces mi corazón
a tu más encabritada latitud
descendiendo tormentosa
por mi brújula incontenible

Ni tus islas, ni tus círculos de luz
ni tus sirenas
Sucede tan sólo que busco tu sol
en mi horizonte

Entrego al destino el ajuste del sextante







Fotografía: Time, de Kim Ki-Duk




XII, de Andrea González

(Tomé, 1983)





Una respiración que proviene de las profundidades de la tierra
la muerte que persigue mi casa y ataca a mis animales.
El arácnido dibujando en el cielo,
creando formas cuadradas bajo las plantas.
El gorrión entrando en mis manos, aprendiendo a volar fuera de toda luz, queriendo conquistar mi espacio.
Los gatitos dando sus primeros pasos mirando con sus diminutos ojos
la infinita esquina.
La oscuridad no existe en su plenitud mis ojos se abren, no descansan,
doy vueltas por el mundo sin moverme:
mi cuerpo no sabe de caminos.




De volao, de Rodrigo Placencia

( Tomé, 1984)









me atraparon fumando pasto sobre cemento
en una calle donde no había nadie más que esos dos tipos
que se acercan y el pachanga
nadie más que esos lokos de casacas columbia
y el pachanga
ni niños jugando ni niñas mirando
sólo esos 2 lokos que parece que van a pasar por allá
y pachanga
y los lokos encima y los locos con chapa y los locos de una
y uno anda volando por ahí y de pao
paentro
por dentro
por los palos escoltao
y anoche no más estuve ahí
por borracho
y hoy
de volao.



(Acontecido hace un par de años un día tal que no recuerdo en el estacionamiento del supermercado Super 10 como a las 6 de la tarde de un verano cualquiera. La yuta no toma vacaciones).








En http://tallerliterariofosacomun.blogspot.com/



Nina Simone, de Marcia Martínez

(Tomé, 1982)










Así como te decían al oído niña niña nina nina
Quiero cantar contigo, eunice
Eunice, nina
Nina Simone que estás en las letras de otros
Nina Simone estoy de vuelta en tus brazos
Llévame nina simone por tus caminos
Peleemos nina simone, gritemos
Lamentémonos y todos al infierno, nina
Juguemos, nina, como niñas
Que nos lleven presas nina
Pero cantando
Riámonos del dolor que nos causan, nina
Del dolor de nuestros hermanos, nina, curémonos
Tengamos hijos, sólo nuestros
Y cantemos a capella, no nos importa
El vernos sino el oírnos
Nina simone
Y nos morimos nina
Pero cantando
O mejor no
Mejor sólo cantemos nina




Birds flying high you know how I feel
Sun in the sky you know how I feel
Reeds driftin' on by you know how I feel



It's a new dawn

It's a new day
It's a new life
For me
And I'm feeling good



Dragonfly out in the sun you know what I mean, don't you know

Butterflies all havin' fun you know what I mean
Sleep in peace when day is done
That's what I mean



And this old world is a new world

And a bold world
For me



Stars when you shine you know how I feel

Scent of the pine you know how I feel
Oh freedom is mine
And I know how I feel



It's a new dawn, It's a new day, It's a new life

For me
And I'm feeling good

















En Revista Litterae nº14











Reaparición que dejé en el sueño del rock, de Santiago Bonhomme

(Chillán, 1980)









Y hoy vienen a renacer de mí mis muertos
que no ven que es proceso literario y fiestas comunitarias.
Y hoy vienen a renacer de mí mis muertos mis queridos muertos
bailando en la autopista repavimentada de mi corazón
de ver que también callo y leo y callo de previo acuerdo notarial.

Las fracturas en los huesos del alma cunden dolor
y son basura en un bello parque de cualquier ciudad capital de occidente,
y salen los tranvías llenos de hermanos,
en el aeropuerto esperan nerviosismos mis hermanos.
Y ahora vienen a confundirme los terminales,
los líos, y las puertas de pino oregón
con que yo y la muerte nos aproximamos de manera exquisita
por Dios que me da miedo dormirme sin marihuana en la sangre,
y de salir a la calle habría un despejo del cielo en el cielo del minimarket,
un encendedor color naranja, una barra de chocolates
e iniciamos viaje al fondo de la tierra en las orejas
por paladas de obreros valientes y mala educación,
y pésimas compañías y los líos y la puerta de pino oregón
que impide pasar con normalidad a la otra clase social perritos.

En Acapulco estaríamos leyendo las memorias de Bolaño
tres veces menciona a Chile
la primera en la ducha
la segunda preparándose un sándwich de atún
y la última en los ojos profundísimos y morenos de mi Madre
trabajando en distinguir el cedrón de la ruda.

Y hoy vienen a renacer de mí, mis muertos
justo ahora que aterrizó el rostro más bello en mis pulsaciones rockeras,
ahora que la abrazo en todo lo que digo,
justo ahora que vi morir la noche en paz.






Escena crítica II, de Bruno Serrano Navarro

(Santiago, 1982)







Es lo que escuchas
cuando esbozas el borde de tu ojo
el alba está podrida
y los pezones erectos bajo el asfalto.
pero aún así esperas el gemido de luz
y te desnudas en el vigilia
de una plegaria que te enseñe
por qué has de parir

Abres los párpados
un cuerpo se ensaña entre las sábanas

El jadeo te despierta
Hace ya mucho que mi sangre es blanca
y aún así intuyes la arcilla


Abres los párpados

El jadeo te despierta

Te desgarras,
hay un espejo donde no estás

te asecha
y lo imitas para mamar de la luz que te rasguña
donde unen los muslos
hasta bendecirte los labios en la ceniza
de la que los antiguos forjaban piel para humillarnos,
ritmos que aún dibujas en la arena

Abres los párpados
hay un espejo donde no estás
entonces el cuerpo,
que tú no reconoces,
repta entre las sábanas
va a ti
y quieres morder el cielo

Quieres morder
pero el jadeo te despierta
y rápido jalas el pellejo hasta descubrir
cual lóbulo es el tuyo
Te prendes el aro

y en todo cuanto asechas
es el beso como una cicatriz
Te prendes el aro

Luego
es tu forma y la del pez











Fotografía y poema en:
www.letras.s5.com






Cabeza de sueño, de Dafne Meezs

(Temuco, 1979)








Mi cabeza de nieve
Reina en la selva fría
Sus orquídeas temporales
Trascendiendo el cielo óseo sueñan
Pulsos vibraciones
Penetrando en el vestíbulo,
Mesmerizando su mar-marea
Cefalorraquídea
Bajo la bóveda
Mi cabeza de miel activada
Recuerda el álcali de no sabe qué heridas inofensivas
En un idioma de extravíos inferidas
Son palabras y suenan limpias
A través del laberinto
Como dichas
En una lengua de fuego
Que pega entre el yunque y el martillo
Perséfone Eurídice
Si ya duda de su nombre
No va a poner las manos al fuego por su corona
Mi cabeza de fiebre
Arrebatada es
Por un extraño
Escalofrío,
Desvelada por el rapto emerge, abrasada
Sobre su atlas
Mi cabeza de ascua se monta
Piensa que todos sus huesos son sacros
Y lo adora.








Aullido, de Jorge Cid

(Cañete, 1986)







He visto a las mejores autómatas
destruirse ante el infierno de una
negación.
Sin jugar a los encubrimientos:
yo ahora escribo
desde la ruina.
Porque mi mano aventuró
otro tacto que me supo a vida nueva
y no fue sino solo un enigma de la
caducidad.

La fechas de esa borrachera
fueron faustas
porque no habrá pérdida de conciencia
tan cercana a la continuidad
como la venida tras libar el alcohol
que esa piel destilaba.

Quise esa borrachera todo el tiempo
y si creí en algo extraterreno
fue para pedir
la vigésima quinta hora donde habitar con
esa sombra
el infinito.

No tuvimos reparo en gemir como
perros.
Era también parte del encantamiento
un ir en otro roles, pero cuando ahora
por ti me sale un aullar por la carne,
me pudro en esta condición
y soy un perro cuya hambre
no perdona al mundo.

Gozamos la noria hasta más allá que
chillara.
Gozamos en ese rin sin importar quien
gobernara
porque la ecuación dominante dominado
en el tálamo no era oposición
sino juego de comunes uniones.

En la oscuridad de mi estado
mi mano palmotea torpe en la incerteza,
da secretos golpes contra sí,
como un reflejo que subsiste,
como un eco que persiste más allá de la
existencia de un grito,
como un placebo
que logra la ilusión de vida.

Juegos de color y efectos de sombra
de tales elementos se constituye la
realidad,
pero desde mi voz
sufro el daltonismo del abandono
y el tanto peor espasmo de la ceguera.
¡No tengo la realidad!

Mi sitio es el sitio de donde vine,
una materia deshonesta que se quiere
dignar de sí,
pero que es analfabeta
y no halla palabras para serse.

Te aúllo
y sé que no oyes
porque este aúllo se ha vuelto
imperceptible
encerrado en su intensidad
como una secreta estrella
que muere virgen
en la víspera de su hoyo negro.










En revista Litterae nº14, 2008









Tirantes en la noche, de Felipe Ruiz

(Coronel, 1979)






Y tirando con su norte en la cola se puso todo de comisión
el cielo y vistos así parecían estrellas azules en el Olimpo


Pero era el cielo de Valparaíso el que los recibía


Y con todos sus mundos de celofán se hicieron oír los
estruendosos vientos en su hondar y eran banderas las que
ninguneaban las atadas muertes de los perros que ladrando
se perdían


Porque si eran esos los bastidores que miró en su vuelo
cuando el azul se hunde en las olasy queda sumergido la
comisión demencial de estas ñeclas.








En Arquero, 2008





Entrada a ti, de Roxana Miranda

(Osorno, 1982)







Entrada a ti,
raíz en sangre
disolvía las sales
en movimiento
Yo.
Cucharon de palo

en fuego.


Rojo de tus lenguas vegetales.


Tu fregona de olla.
Saliva concentrada
bebiendo en tus esquinas
lo que el movimiento
no alcanzó a salvar
de la cocción de zanahorias y porotos,
ahogados en aceite
hasta los gritos.


Nosotros nunca comeremos en la mesa
sino hirviendo a toda llama
junto a ruidos de teteras.









En La memoria iluminada:
poesía mapuche contemporánea, 2007