Ocho, de Elena Muñoz
Quiero, de Eugenia Toledo-Keyser

Quiero la historia de antes
y las incógnitas que me esperan
Capturar el objeto que pasa inadvertido
como soplo de otros tiempos
La espiritualidad de lo mínimo
el valor de lo simple
La levedad de la superficie
las arrugas imperceptibles en el agua
Quiero lo que escondiste
quiero volver a verte
Quiero tu curriculum vitae
quiero lo que me prometiste
Lo que es y aún sigue siendo
lo que aún siendo no es
y aún no siendo
voy a su encuentro.
En Tiempo de metales y volcanes, 2007.
A Teófilo Cid, de Eduardo Fonseca
Fuga, de Rodolfo Hlousek

la historia de Chile
se ha escrito de fugas;
me he decidido
adentrarme a territorios pluviales
ojalá no se fugue
y digan que me vieron en Valdivia
recuerden, nada es real
ni las palabras que se usan
para contar esta sencilla historia de la fuga
no me cuenten ni me señalen
podrían revisar después de consumado el acto
pero no se fugue
que vieron mi presencia
hay otros dolores
no sólo el Sol de invierno.
Hoy hago presencia
dentro de la vegetación
entre las Ánimas
vestido de negro
y sombrero azul
no soy lo que ven
¿podrías asegurar
que el reflejo de agua
es lo real?
¿lo podrías desmentir?
silencio!, es tan sólo agua.
todo es ritmo
flujo y reflujo
el sur
la inmersión del mundo
el humedal largo y estrecho
éste país
es mío
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todas las monedas
generadas por el hombre
es mío
el ganado, los cisnes,
el fragor de lo frondoso
es mío
la mitología
la marea al fondo
la mesa puesta
en medio de mil hectáreas
es mío
la imprecisión de los asalariados
es mío, su tormenta de billeteras es mío
la prosperidad del ocioso
el giorgio en los muros
las señoritas núbiles
la magia, la tele transportación
la sonrisa de los marineros
los bares y expendios ventosos
son míos
Sonrojo, de Javier Aguirre

Mi corazón no tiene desperdicio:
unas veces se afana, otras se enoja;
busca el hálito azul de cada hoja,
busca en cada palabra un precipicio;
mi corazón busca el menor indicio
para recuperar su sangre roja,
porque cada palabra que le escoja
le lleve hacia la luz de un nuevo inicio;
mi corazón está fuera de quicio,
son un árbol de sangre mis pulmones,
otro país su despertar aloja;
mi corazón, la sombra que acaricio,
tiene múltiples ramificaciones,
sólo con otra sangre se sonroja.
Abandono, de Omar Huenuqueo

Y aquí estoy,
en lo alto de esta quebrada
como un águila de veinte años
que picotea una roca
con la visión de volver
al bosque rejuvenecido.
Aquí donde apenas es posible divisar
algunas antenas de radio de algunas ciudades.
Oculto bajo el ala de la noche
la fuerza del tigre se me fuga
como una hoja de las manos del viento.
En La memoria iluminada:
poesía mapuche contemporánea, 2007.
Fotografía: Héctor González de Cunco
Aromos rubios en los campos de Loncoche, de Pablo Neruda

El terraplén yacente removió su cansancio,
El agua entró en la tierra mientras la tierra huía
En el País Nocturno y Enemigo VI, de César Cabello
1. Me alejo de la música / las academias
y la partitura
                        Al hábito de buscarle sentido
                        en el orden de las cuerdas
                                    renuncio
Estoy dispuesto a abandonarme
cambiar la ubicación de los libros
tragarme la llave / y caminar en la obscuridad
descalzo
Anoto: la conciencia.
2.Reniego de mis pasos / los amigos
el recuerdo
                        de la mujer y la familia / me aparto
A la cifra y a la arruga
dejo la enumeración/ los años
                                    las notas de esta partitura
No es de Sombra componer
para el lastre de la herencia
Anoto: el cuerpo.
3. Trato de mantenerme despierto
que el farol en su vigilia / me acompañe
                        A la luna temblorosa / no le ruego
                        de lo certero y lo terrestre
                                    no soy amigo
Gusto de la noche / el equívoco y los laberintos
A las cosas que son una / pero asemejan a otras
en el oficio de insinuarlas
                                    me aferro
Me he vuelto casi un animal / un fantasma
el guardián que por las noches
sube a roer los instrumentos
            Se ha borrado mi lecho de todo mapa
           de toda lista negra han quitado mi nombre
           en ningún Tratado de Música aparecen mis versos
He caído prontamente
en el olvido
Anoto: la obscuridad.
                          *
Apartado/resumo:
                Soy como el ladrón de la fábula india
               que robaba campanas / cuando la tarea era
               guardar silencio.
En Las Edades del Laberinto, 2008
No puedes emocionarte con tus poemas, de Ricardo Herrera

Eva, de Franco Ibañez

Eva se come la manzana parada en una
y espera un bus que nunca vi pasar
solloza sobre el televisor encendido
Ella que envejeció escribiendo, de Juan Huenuan

Tu falda subiste como ciega abandonada a los sentidos.
El templo a las piedras, escucharon decir
y enseguida lo atoraste con monedas.
Ya no hay tres días para alzarlo como témpano,
ni suficiente escarcha en los recuerdos de la tribu.
Aún mayor,
proscrita lanza fuiste.
Saciaste las bóvedas del emporio.
Renunciaste a ver con ambos ojos el espectro
y ciertas veces,
con un rezo silenciaste otras voces.
Ahora se te ha visto interrogando tronos,
ellos, sepultureros de castas y coronas.
La leche que bebiste con sandalias y túnicas
son laureles atados a la sien de tus estertores.
Aún mayor,
opio jugando en la cavidad de los egos.
¿Ya no hay venas que puedas desangrar
hasta bautizar un estandarte en los suburbios?
Proscrita lanza fuiste
cuando la vocación no era de máscara
o adorno durmiente del muro.
A veces fuego,
cansada de ser fuego en la vanguardia.
Balada a un amigo muerto, de Venancio Lisboa

Tus ojos y los ojos de la tierra
Se han cerrado
Al juntarse vuestros párpados
Y adentro te has quedado,
De alrededor desnudo;
Sin nadie en compañía,
De cuerpo despojado.
Mi entendimiento ahora
Te sirva de camino y tránsito.
Anda y vente,
Sal y vuelve,
Prende a tu antojo
La luz de mis imágenes.
Amuebla tus mansiones
Requiéreme paisajes.
Registra mi memoria
Y encontrarás de todo.
También tu cuerpo, que recuerdo,
Póntelo.
Invita a otros muertos
Si lo quieres,
Por no encontrarte solo,
Eres
Dueño de todo.
En Poesía Chilena Contemporánea, 1997
Gaviota, de Alfonso Calderón

Alta, sonámbula en la lluvia iba ligera.
De tumbo en tumbo, y en un ayer glorioso,
el viento la ceñía. En sueños, regresa
a Selva Oscura y a Rarinco, a Púa
Mulchén o Quitratúe. Mi madre tararea
un aire antiguo. Vítreos los ojos hondos
se le han vuelto. El viento la traía
y la llevaba. En medio del puelche,
me hice más seguro y busqué pactos
de sangre con piratas. Molían ajo
en un mortero de madera y todo era
llorar. Se cerraron las piezas
para el niño que yo fui. Nube a estribor,
desde un navío de Salgari. Sus alas
enneblinan, y un ocho de febrero, así
                        se quedó muerta.
La Casa, de Pablo Neruda

Embriagado, de Miguel Ángel Manosalva

Oda a la que nunca, de Guillermo Trejo
Seguramente en algún lugar está dejando de llover a esta hora, de Ricardo Herrera
Escríbeme un poema antes de acostarte, por favor
Amante o poeta, de Selva Mora

Te pienso luna.
Fotografía: www.letrasfronterizas.cl
Después del naufragio, de Marcia Flandes





