FRONTERA SUR

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Mis palabras corren para buscarte, de Jacqueline Caniguan

(Puerto Saavedra, 1974)







Desde hace días
que viaja mi pensamiento,
viaja a encontrarse contigo.

Mis palabras corren para buscarte
en aquella montaña tan tuya,
la de neblinas, hualles y canelos.

Allá donde vivo, me dices.
¡Ay! me digo,
sufre mi corazón
por haberse prendado de ti,
hombre ajeno,
hombre extraño.




Mi pensamiento debe regresar.






En Kümedungun, Kümewirin, 2010.





La fuga de los cisnes, de Augusto Winter

(Mineral de Tamaya, 1868- Pto. Saavedra, 1927)









Reina en el lago de los misterios tristeza suma:
los bellos cisnes de cuello negro terciopelo,
y de plumaje de seda blanca como la espuma,
se han ido lejos porque el hombre tiene recelo.

Aún no hace mucho que sus bandadas eran risueños
copos de nieve, que se mecían con suavidad
sobre las ondas, blancos y hermosos como los sueños
con que se puebla los amores de la bella edad.

Eran del lago la nota alegre, la nota clara,
que al panorama prestaba vida y animación;
ya fuera un grupo que en la ribera se acurrucara,
ya una pareja de enamorados en un rincón.

¡Cómo era bello cuando jugaban en la laguna
batiendo alas en los ardientes días de sol!
¡Cómo era hermoso cuando vertía la clara luna
sobre los cisnes adormecidos su resplandor!

El lago amaban donde vivían como señores
los nobles cisnes de regias alas; pero al sentir
cómo implacables los perseguían los cazadores,
buscaron tristes donde ignorados ir a vivir.

Y poco a poco se han alejado de los parajes
del Budi hermoso, que ellos servían a decorar,
yéndose en busca de solitarios lagos salvajes
donde sus nidos, sin sobresaltos, poder salvar.

Más, desde entonces fue su destino, destino aciago
ser el objeto de encarnizada persecución:
vióseles siempre de un lado a otro cruzar el lago,
huyendo tímidos de la presencia del cazador.

Y al fin, cansados los pobres cisnes de andar huyendo,
se reunieron en una triste tarde otoñal,
en la ensenada, donde solían dormirse oyendo
la cantinela de los suspiros del totoral.

Y allí acordaron, que era prudente tender el vuelo
hacia los sitios desconocidos del invasor;
yendo muy lejos, tal vez hallaran bajo otro cielo
lagos ocultos en un misterio más protector.

¡Y la bandada gimió de pena, sintiendo acaso
tantos amores, tantos recuerdos dejar en pos!
¡Batieron alas; vibró en el aire el frú-frú de raso
que parecía que era un sollozo de triste adiós!

Reina en el lago de los secretos tristeza suma,
porque hoy no vienen sobre sus linfas a retozar,
como otras veces, los nobles cisnes de blanca pluma
nota risueña que ya no alegra su soledad.

Si, por ventura, suelen algunos cisnes ausentes,
volver enfermos de la nostalgia, por contemplar
el lago amado de aguas tranquilas y transparentes,
lo hallan tan triste que, alzando el vuelo, no tornan más.














En Antología Crítica de la Poesía Chilena,
tomo I, 1996







Quila, de Pedro Alonzo Retamal

(Puerto Saavedra, 1929)









Tú me vas a enseñar
"mapu-dugun"
Ignacio Huechapán.
Yo quiero saber, de nuevo
lo que dices cuando estás borracho;
lo que dices, riendo;
lo que lloras diciendo...

Nos conocimos "pichichegñeiyu"
y, desde entonces,
siempre "huenuy",
siempre "kimey huenuy".

Jugábamos en las pitras
a corretear al viento
y a las escondidas con la lluvia.
Tú me enseñaste a jugar con la chueca
y a "pifilcatún".
Desde siempre nos llamábamos "peñi",
y, cada vez que el tiempo nos juntaba:
-"fta cuifi, peñi Ignacio, chumuleimi...?"

Pero yo me fui lejos
y tú te quedaste debajo de la lluvia
mientras tu ruca fumaba
interminablemente su "pitrén".
Pero voy a volver de nuevo,
y, entonces,
debajo de las mismas pitras
vamos a conversar,
y tú,
palabra a palabra
me vas a recordar el "mapu-dugun"
que los años han llenado de olvido.








En Nepegñe, peñi, nepegñe

(Despierta, hermano, despierta) 1987










Fotografía: Héctor González de Cunco







Mis palabras corren para buscarte, de Jacqueline Caniguán

(Puerto Saavedra, 1970)







Desde hace días
que viaja mi pensamiento,
viaja a encontrarse contigo.

Mis palabras corren para buscarte
en aquella montaña tan tuya,
la de neblinas, hualles y canelos.
Allá donde vivo, me dices.

¡Ay! Me digo,
sufre mi corazón
por haberse prendado de ti,
hombre ajeno,
hombre extraño.

Mi pensamiento debe regresar.


En 20 poetas mapuche contemporáneos, 2003



La Tagua, de Lorenzo Aillapán

(Rukatraro- Lago Budi, 1940)





Ave del salado lago Budi, tocaya de la comunidad Trawatrawa,
gentes de la tagua, lugar de donde ellos vienen
Un cerro alto es su lugar,
Weychamó llamado de tiempo inmemorial
Donde cada dos vueltas de año
once comunidades se vuelven a juntar
en hermosas ceremonias sagradas.


Trawa trawa
Trawa trawa trawa


Aves de muchos hijos
Desde muy antiguo en el círculo ceremonial son conocidas,
a orillas del Océano Pacífico ayudan en la rogativa
Al pasar las gentes escuchan
un gran concierto de esa ave negra azul
Largo rato levantan su canto las taguas


Trawa trawa
Trawa trawa trawa


En el lago Budi y en Traytrayko - río Imperial
Tiene su casa esta hermosa ave de agua
Suave y blanda como una mujer
De carne siempre llena
Tanto se aprecia de verdad
Esta ave acariciable y hermosa


Trawa trawa
Trawa trawa trawa....








En Voces Mapuches, 2002







Fotografía: Nicolás Piwonka



Mari ailla, de Pedro Alonzo Retamal

(Puerto Saavedra, 1929)






¿Quién te dijo a ti
que te hicieras carabinero,
Juan Antillanca?

Tú que naciste a la orilla del mar
y que jugaste en las playas sin dueño,
que naciste sabiendo
que la vida no necesita de ley
porque allí nunca ocurre nada;
a más de una ola y otra ola,
un transitar de espuma,
dos fantasmas de viento
y una gaviota borracha de cielos ...


¿Y que más pasa, Juan Antillanca?

Cuando llegaste de uniforme verde
y te pusiste rígido,
¡parecías un atado de "colloi"!
¡cómo te gozaban los chiquillos,
casi te empelotaron la primera vez!

Tus ojos que eran mansos y risueños,
tuviste que endurecerlos;
y aquel gesto tuyo que era como un amanecer,
lo transformaste en grito duro,
en amenaza negra,
en noche desconfiada ...


¿Te acuerdas cómo se las arreglaban
para tener algo de comer
cuando tú eras niño?
¿Y ahora, Juan, tú andas buscando
a los que roban ovejas
porque tienen hambre
y no tienen trabajo?

¿Cómo murió tu padre, recuerdas?
¿En qué cuartel amaneció muerto?

A ti te han escogido para esto
porque hablas "mapu dugun"
y porque conoces
todos los escondites de la costa.


Te vimos esa tarde cuando llevaste al Mauleo:
tu ibas más asustado que él,
pasaste avergonzado por frente de nosotros.

Ese día, Juan, nos dio una pena grande.

Alguien dijo:
- Antillanca se hizo carabinero
para ganarse el pan pescando presos a sus hermanos.




¿Qué gusto tiene ese pan, Antillanca?








En Nepegñe, peñi, nepegñe (Despierta, hermano, despierta). 1987